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Panamá, viernes 18 de enero de 2008
 

DESDE MADRID.

Un muro contra el odio

Manuel Guedán

Se ha inaugurado en Madrid el Primer Foro de la Alianza de Civilizaciones. España, que fue uno de los países más golpeados por el terrorismo, ha planteado un combate racional: en lo policial y judicial, contundente y eficaz y, en lo político, sereno y promoviendo el diálogo entre las distintas culturas y religiones.

Cuando se celebró la 59 Asamblea de la ONU, a los pocos meses de la matanza de Atocha, el presidente Zapatero propuso la creación de un grupo de alto nivel para propiciar el respeto a "lo diferente y buscar lo que nos une" y promover proyectos educativos y culturales. Nuestros fundamentalistas católicos –que tanto poder han tenido en España– calificaron esta iniciativa de utópica y trataron de desprestigiarla. Pero ahí está y el foro es una realidad, que copresiden el presidente español y el primer ministro turco, Recep Tayyip, y cuenta con el patrocinio del secretario de la ONU.

El Gobierno español estaba en lo cierto y la mejor prueba de ello es el fracaso de la guerra como única respuesta al terrorismo islámico. Porque, en mi opinión, la única política posible es practicar el diálogo y evitar el ensimismamiento para tratar de compartir un espacio común humano y humanizado. La experiencia europea, y sus múltiples enfrentamientos, nos ha enseñado que la convivencia y el progreso sólo se logran a través de las fusiones culturales.

La cultura griega, origen de la occidental, chocó con la romana. Se produjo una fusión con los judeo–cristianos orientales. Hubo convivencia y choques con los árabes –a los que tanto debemos–. La humanidad lleva en sus genes la fusión cultural, es consustancial a nuestra existencia y, por tanto, deber sacar las conclusiones para combatir el dualismo de ellos y nosotros, del Norte y del Sur, de Occidente y del resto, del centro y la periferia y, en versión doméstica, de España y las nacionalidades.

Esta cultura del diálogo debe aplicarse al conjunto de los problemas que tenemos. No debemos olvidar que, tras el fin de la guerra fría, a comienzo de los 90, tuvimos 48 guerras étnicas, una de ellas en el corazón de Europa, en Yugoslavia, donde se practicó una brutal "limpieza étnica". Y tampoco podemos ignorar que el fundamentalismo, que es una epidemia, corre el riego de convertirse en pandemia. En el mundo islámico hay numerosos líderes políticos y religiosos convencidos de la superioridad de su cultura, obsesionados con la inferioridad de su poder y promotores de violencia. Y, en EU, también hay lobbys que justifican la guerra por motivos religiosos. Hagamos ciencia–ficción: ¿Qué hubiera pasado si después del 11 de septiembre, la administración Bush hubiera promovido una "alianza de civilizaciones" en lugar de llevar a cabo la invasión de Irak? Sinceramente, creo que hubiéramos sido mucho más eficaces en el combate racional del terrorismo. Por eso este foro de Madrid es tan importante y, por eso, es mezquino criticar algunas de sus insuficiencias. Se cayó el muro de Berlín, no levantemos otro, esta vez de odio, que divida a la humanidad.

El autor es profesor de la Universidad de Alcalá
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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