DÍA DEL GUARDAPARQUE. PANAMÁ CUENTA CON 332 VIGILANTES DE LA NATURALEZA.
Un trabajo de la selva
Vigilantes, orientadores, jardineros y también conservacionistas, esos son los guardaparques.
Como parte de la faena, quienes cuidan las áreas protegidas espantan chitras y tienen turnos rotativos.
| LA PRENSA/Eric Batista |
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| PARQUES. Jessica Rosas es la jefa de guardaparques del Parque Natural Metropolitano, el cual cuenta con 232 hectáreas y cinco responsables de la vigilancia. 971277 |
Roxana Muñoz
rmunoz@prensa.com
Jessica Rosas es guardaparque. La única mujer entre los cinco que hay en el Parque Natural Metropolitano, y la jefa de todos.
En su oficina, desde donde también dirige el programa de rescate de fauna silvestre, no enciende la luz ni el aire acondicionado. Es su "granito" conservacionista. Su padre es panameño, pero ella nació y creció en Argentina.
Allá se graduó de guardaparque y desde hace ocho años vive en Panamá, donde le tocó volver a aprender nombres de animales y plantas para trabajar en medio del bosque tropical.
Hasta hoy, Día del Guardaparque panameño, la Autoridad Nacional del Ambiente, (Anam) tiene registrados 332 funcionarios en ese cargo, el doble de lo que había hace tres años. Estos cuidan los 16 parques nacionales.
En el Parque Natural Metropolitano, cuando se necesita personal para vigilar sus 232 hectáreas, no se pone un anuncio en el periódico con: "Se busca guardaparques".
Gente amable con machete
Según Rosas, pocos entienden lo que es. Aparecen ingenieros con extensos currículum que cuando comprenden el trabajo y lo que van a ganar por él, no aceptan. En este parque, a pocos metros de la ciudad, se necesitan vigilantes de la naturaleza que estén dispuestos a trabajar turnos rotativos, que sepan agarrar un machete para despejar senderos, que arreglen escalones, que ofrezcan una sonrisa y orienten a los visitantes y que puedan proteger el bosque de cazadores ilegales y otros malhechores. Otra de sus tareas es acompañar a los científicos en sus investigaciones y a las personas que realizan filmaciones en el lugar, para vigilar que no se dañe la naturaleza en el proceso.
A estos vigilantes se les pide como requisito un título de secundaria y licencia de conducir. Los que trabajan en este lugar están entre los 20 y 40 años de edad. El novato es entrenado por los más viejos en el oficio. No muchos de los que contratan aguantan.
Es un trabajo donde hay que espantar chitras y cuidarse de las garrapatas (alcohol con hojas de tabaco es lo mejor contra ellas). Los turnos son rotativos. Se pasan noches en vela en la selva, cuyos ruidos (rugidos, silbidos, aleteos) ponen los pelos de punta al principiante.
Comenta Rosas que "la gente viene al parque de día y dice: ‘Aquí no hay nada, solo palo y monte’. De noche se escucha mejor la vida en la selva".
No se lleve las plantas
Cerquita de la ciudad, el Parque Metropolitano tiene, para los cuidadores, la ventaja de que pueden viajar a su casa con frecuencia, es un parque accesible donde se reciben muchas visitas. Pero, esa accesibilidad lo hace también más vulnerables a cazadores, personas de malvivir que lo usan como refugio o gente que tala. Cuando se sorprende a una persona en una falta se le llama la atención, como el caso de las doñitas que se llevan brotes de plantas, o se le conduce a la Anam, como también se procede con cazadores y taladores ilegales.
Los mejores vigilantes de la naturaleza desarrollan habilidades extraordinarias para el resto de su vida. Pueden diferenciar si se acerca un animal o una persona, y detectan la presencia de esos cazadores que quiebran tallos para no perderse al regreso. También encuentran pisadas humanas, que a simple vista no se ven, sobre una alfombra de hojas.
Rosas dice que las cualidades del guardaparque las tienen los amantes del campismo, que recogen la basura de la playa, así no sea de ellos, y aprecian el espacio verde. No son gente que dice: "Ese monte hay que tumbarlo y tirar cemento".
Una tarea que aún no se enseña en las escuelas
En Panamá no hay academias para guardaparques. La Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) en conjunto con el Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (Inadeh) ofrecen algunas capacitaciones y se tienen convenios para enviar a panameños a estudiar a Chile. Jessica Rosas, quien se graduó de guardaparques en su país, Argentina, explica que allá la escuela solo se abre cuando hay necesidad de nuevos funcionarios. De su clase recuerda que eran "cuarenta y pico, pero se graduaron ocho".
La falta de una escuela en el país también dificulta que estos trabajadores puedan reclamar mejores salarios. En las esferas administrativas es difícil convencer que alguien sin título universitario merece ganar más. En parques del interior del país, muchos de estos trabajadores son gente de campo que sabe mucho de la naturaleza, que trabaja siete días y luego tiene siete días libres. Les toca entenderse con poblaciones que viven en las áreas protegidas a las que les cuesta acatar las normas de protección ambiental.
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