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Panamá, viernes 11 de enero de 2008
 

ARTE. En el Ballet Nacional existe carencia de personal masculino.

En busca de los ‘Billy Elliot’

La escasez de varones en el ‘ballet’ es el resultado de la sociedad machista que caracteriza a ciertos países.

Un cambio de mentalidad se daría a través de la educación. Hay que educar al niño y a los padres.

LA PRENSA/ David Mesa
HABILIDAD. En primer plano, el bailarín Eliézer Solieh Samudio, que con 17 años es una de las promesas del Ballet Nacional de Panamá. Actualmente, esta entidad artística solo cuenta con ocho varones en su cuerpo de baile. 967746
Raúl A. Bernal
rbernal@prensa.com

Cuando el niño Billy Elliot, el protagonista de la película del mismo nombre, se interesó por el ballet, nunca imaginó que tendría que enfrentarse con la mentalidad machista de su padre y su hermano. Pero a pesar de las adversidades, logró ser un gran bailarín.

Tal como se describe en este filme, dirigido en 2000 por el británico Stephen Daldry, Panamá y muchos países latinoamericanos no escapan de esta realidad.

Esa mentalidad ha provocado que exista en el país una carencia de personal masculino, sobre todo en el ballet clásico, según coinciden los representantes de la danza panameña.

Tan solo en diciembre pasado, cuando se presentó El Cascanueces en el Teatro Anayansi de Atlapa, se podía observar que la producción tuvo que recurrir a bailarines extranjeros, porque son muy pocos los hombres que se dedican a este oficio, y no cumplen con el alto nivel técnico que exige la actividad.

A las audiciones para participar en el espectáculo se presentaron "cerca de 300 bailarinas y solo cinco muchachos", dijo la productora Alida Gerbaud de Fábrega, al dimensionar la escasez de varones en el ballet panameño.

"Esto se debe a que el ballet está considerado, en sociedades machistas y poco cultas como la nuestra, como una disciplina solo para mujeres, lo cual es totalmente incorrecto", comentó Gerbaud de Fábrega.

Mente amplia

La falta de una amplia mentalidad en la sociedad incide en que los hombres se sientan cohibidos al considerar este arte como una actividad a practicar, o que manifiesten su interés por el ballet.

Al igual que la promotora Gerbaud de Fábrega, la profesora Ana Cela Smith, directora encargada del Ballet Nacional, considera que todo es cuestión de cultura y formación educativa. "Necesitamos educar a los padres a través de los niños. Llevar el arte a las escuelas primarias, para que los infantes se involucren y acepten esta danza que es tan normal como cualquier otra", subrayó Smith.

José Alberto Villamil, una de las primeras figuras del Ballet Nacional, alude que ser bailarín es una profesión como cualquier otra, y también es de la opinión de que para que este arte surja en el país, hay que hacer talleres con los niños y niñas.

En el Ballet Nacional solo hay ocho varones activos, pero algunos están en los 40 años, una edad difícil para ejecutar ciertas interpretaciones clásicas. En el país existen unas 19 academias de danzas, la mayoría con alta participación de mujeres.

Salarios y deserciones

Muchas academias han optado por otorgar becas a los varones para atraer su atención, pero muchos, con el correr del tiempo, desertan por otros compromisos o porque el oficio no es rentable.

El bailarín cubano Juan Carlos Costoya reconoció que el salario es bajo. Un miembro del Ballet Nacional puede cobrar de 350 dólares a mil dólares mensuales, dependiendo de su categoría.

Pero aparte de la mala paga y de los estigmas sociales, los bailarines tienen que luchar con la edad y mantener un óptimo rendimiento interpretativo.

"Tienen que tener vocación, disciplina, dedicación y mucho amor por este arte", resumió la profesora cubana Amparo Brito.

La pasión de ser bailarín, a pesar de lo que digan

Eliézer Solieh Samudio tiene 17 años y es el más joven del Ballet Nacional de Panamá. Su afición por la danza empezó a la edad de ocho años y da gracias a sus padres que lo motivaron. Ha bailado todo tipo de danzas como tap, capoeira, jazz, entre otras; pero por lo clásico se interesó hace dos años. Ahora, con mucho futuro por delante, a Solieh le importa poco con "el que dirán", porque ser bailarín es una profesión. "Amo esto.

Esto es lo que me gusta", aseguró.Alexa Gutiérrez, una de sus compañeras del ballet, reconoce que la figura del varón es importante, porque se necesita su fuerza para poder ejecutar muchos movimientos, sobre todo en lo clásico.Representantes de la danza en Panamá proponen que hay que traer bailarines de afuera, así como maestros y coreógrafos para ir profesionalizando más la actividad y aprovechar al máximo a todo ese talento con que cuenta el país. Incluso se solicita que se promueva más la participación de hombres en presentaciones de ballet, para que haya más apertura y tolerancia.

© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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