dESNUTRICIÓN. LAS SECUELAS AFECTAN EL CUERPO Y EL INTELECTO.
El hambre, un daño irreparable
Un adulto que sufrió desnutrición antes de cumplir los 5 años puede ser considerado discapacitado.
20.6% de los niños panameños menores de 5 años padece desnutrición, según cifras oficiales.
| LA PRENSA/Víctor Arosemena |
|
|
| FUTURO. Los índices de desnutrición son especialmente graves en las comarcas y en los poblados apartados que carecen de servicios básicos.967843 |
Zoraida Chong
zchong@prensa.com
Un niño desnutrido puede ocultar su infortunio con un aspecto normal y hasta saludable, pues en muchas ocasiones su estructura física se modifica y lo hace ver, sencillamente, como un chico de menor edad.
Por eso es que un niño que aparenta 3 años puede tener 5 en realidad; o un joven que parece de 11, tenga en verdad 16.
La baja estatura es la secuela más evidente de la desnutrición, pero no la más grave. El pediatra y neonatólogo Enrique Ruidiaz explica que la desnutrición en niños menores de cinco años causa también un desarrollo deficiente del cerebro y de otros órganos vitales, y una vez pasada esta edad, los daños son irreversibles.
En los primeros 24 meses de vida –y principalmente en los primeros 18 meses– el cerebro pasa por su etapa de máximo crecimiento desde el nacimiento. Gran parte de las neuronas termina de desarrollarse y se concretan las conexiones neuronales que permitirán al individuo llevar a cabo de forma efectiva todo tipo de actividades relacionadas con el sistema nervioso central, desde los movimientos corporales hasta el razonamiento.
"Estas personas (que sufrieron desnutrición) probablemente no van a terminar la escuela aunque le brindes la educación, porque su cerebro no está preparado para el pensamiento lógico y formal. No van a poder discernir y no van a rendir en la escuela", afirma.
Las víctimas de la desnutrición, que generalmente viven en hogares y comunidades pobres, tienen muchas probabilidades de abandonar la escuela antes de la adolescencia y entrar al mercado laboral informal, donde igualmente tendrán que ubicarse en los niveles salariales más bajos, sumándose a las estadísticas de población que vive en la pobreza o pobreza extrema, y lo peor de todo, continuando un círculo vicioso difícil de romper.
Además del cerebro, órganos como el corazón, los riñones o los intestinos se ven seriamente afectados cuando los niños sufren desnutrición, porque en los primeros meses de vida terminan de formarse las células estructurales que los ayudan a realizar sus funciones.
"El intestino necesita el llamado estímulo trófico de los alimentos para poder identificarlos como buenos, adquirir sus nutrientes, procesarlos y eliminar lo malo. Si el intestino del niño no tiene una buena exposición a los nutrientes, no los reconoce y no los puede procesar, y si en su vida adulta logra tener acceso a más y mejores nutrientes no podrá aprovecharlos como lo hará una persona que sí tuvo acceso a ellos desde el inicio", afirma el médico.
Las secuelas llegan hasta el sistema inmunológico, convirtiendo a las víctimas de la desnutrición en adultos especialmente vulnerables a todo tipo de enfermedades.
Susy de Varela, presidenta de Nutre Hogar, sostiene que la desnutrición sigue siendo la principal causa de muerte infantil en Panamá, "porque aparece como diarrea o como enfermedades respiratorias, pero lo que realmente causa la muerte es la desnutrición severa que sufren esos niños y que no los deja recuperarse de las enfermedades".
Aunque con frecuencia se argumenta que la desnutrición no está ligada de forma invariable a la pobreza –ya que también depende de la capacidad de las madres para elegir los alimentos adecuados para sus hijos–, Varela sostiene que hay ocasiones en que no basta con tener los conocimientos.
"Trabajamos fuertemente en la educación de la familia sobre cuáles son los alimentos más adecuados, pero no les puedes pedir mucho si no tienen los alimentos para cumplir con eso que les enseñamos", dice.
Las zonas indígenas continúan siendo las más afectadas. Por ello, recalca Varela, "hay que hacer un plan social mucho más agresivo, que pueda llegar a estas personas".
Mientras tanto, cada día que pasa, más niños superan la línea de los cinco años y se convierten, por el resto de sus vidas, en los marginados sociales de la pujante Panamá.
Las tareas pendientes de una economía boyante
Pese al buen momento económico que vive Panamá -con proyecciones de crecimiento de dos dígitos e inversión extranjera directa por el orden de los 587 millones de dólares en el primer semestre de 2007-, el país no logrará la meta número uno de los Objetivos del Milenio planteados por los estados miembro de la Organización de Naciones Unidas.
Según el informe más reciente de UNICEF, publicado en diciembre pasado sobre los avances en estos objetivos, Panamá está encaminada hacia la universalización de la educación primaria, la eliminación de la disparidad entre la asistencia de niños y niñas a la escuela, y la reducción de la mortalidad infantil, pero el país no logrará reducir la pobreza extrema y el hambre a la mitad de lo que registraba en 2000, cuando se firmó el acuerdo.
Uno de los índices más importantes para determinar si se alcanzará este objetivo es la desnutrición, renglón en el que Panamá retrocedió 1.2%, resultado similar al de países como Sierra Leona y Somalia.
|