DESEMPEÑO.
El Estado, el gobierno y los partidos políticos
Eduardo L. Lamphrey J. III
Podemos comenzar por afirmar que la compleja estructura que hace posible el desarrollo de las relaciones de poder y la administración de un país, y de éste en relación con los demás países del hemisferio, se lleva a cabo a través de tres instituciones fundamentales: el Estado, el gobierno y la política.
Por Estado hay que entender un ente abstracto, independiente, con fines generales. Éste necesariamente comprende un pueblo establecido sobre cierto territorio soberano, dotado de una estructura de gobierno, basado en un complejo de normas llamadas leyes y con una población permanente, que puede ser homogénea o heterogénea. Se hace imperativo aclarar que el origen del Estado solo podemos entenderlo a partir del momento en que se despersonaliza el poder de un gobernante históricamente absoluto y se obtiene una entidad organizada e impersonal, encargada de garantizar su continuidad.
A diferencia del Estado, el gobierno se nos presenta como la manera efectiva de administración por medio de la cual se puede llevar a cabo la administración del Estado en beneficio de todos los asociados, por ello el gobierno es la expresión más concreta de administración estatal.
En la actualidad esta administración se lleva a cabo a través del sistema partidista, que en el caso de Panamá es bipartidista, puesto que dos partidos son los de mayor prominencia y aceptación. Pues bien, podemos afirmar que históricamente la posición partidista no es la única útil para administrar el Estado. En las últimas reformas constitucionales, del año 2004, se consagra la vía independiente como una alternativa de participación política.
En el acontecer político nacional, el actual partido en el poder ha desarrollado una administración eficaz, práctica y con conciencia social; a diferencia de la mal entendida oposición, conformada, por los decadentes partidos Panameñista, Unión Patriótica y Molirena, que son incapaces de regenerar su estructuras y plantear alternativas lógicas y sistemáticas para la solución de los grandes problemas nacionales, todo esto producto de su poca capacidad intelectual y de planificación y conciencia de clase.
Por otro lado, vemos el proyecto de partido Vanguardia Moral de la Patria, que está destinado a la inanición, que representa los intereses confusos de un colectivo sin identidad, que sólo busca el protagonismo temporal a través de los medios de comunicación.
El Partido Revolucionario Democrático (PRD), en dos años de gobierno, ha modernizado la infraestructura estatal; ha afrontado con previsión los grandes temas inconclusos que negaron resolver los gobiernos anteriores, problemas que se pasaban como una papa caliente de gobierno en gobierno; ha logrado la construcción de carreteras en todo el país; la gran concertación nacional por la ampliación del Canal de Panamá; la aprobación de una nueva ley que salvará a la Caja de Seguro Social del colapso total; ha disminuido el margen de desempleo y pobreza; la seguridad social y la vivienda han elevado su calidad y numerosos panameños hemos encontrado en esta administración la participación ciudadana que jamás fue posible durante los gobiernos de Endara y de Moscoso, caracterizados por el alto índice de corrupción, su poca efectividad y su carácter ampliamente oligárquico, burgués y antinacionalista.
Aunque al PRD le queda mucho por cumplir –porque no es el partido perfecto, pero es lo más cercano al sentir del pueblo panameño– debe librarse de los corruptos y gobernar en pro de los intereses nacionales y no de los particulares.
El autor es estudiante de derecho y escritor
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