ECUADOR.
Carta a la Asamblea Constituyente
Sebastián Hurtado Pérez
Estimado señor presidente de la Asamblea Nacional Constituyente de Ecuador. Le escribe un ciclista aficionado para solicitarle que, en uso de los plenos poderes con los que se encuentra investido el cuerpo legislativo que usted acertadamente dirige, se digne en atender el siguiente pedido.
Como todo devoto ciclista, conozco muy de cerca cuán duro puede ser recorrer los empinados Andes ecuatorianos montado en una bicicleta. Este esfuerzo sería menos penoso si la Asamblea Constituyente de plenos poderes que usted preside decidiera modificar la Ley de la Gravedad vigente en Ecuador, principal responsable del dolor físico que enfrentamos al pedalear cuesta arriba. Fundamento mi solicitud en las siguientes razones que, estoy seguro, la mayoría de los asambleístas congregados en Montecristi encontrarán fundadas y sensatas: Primero. los ciclistas conformamos un grupo muy representativo de la sociedad ecuatoriana, pues nuestro deporte no reconoce diferencias sociales. Si alguna vez los indígenas ecuatorianos exigieron contar con al menos el 30% de los escaños de la actual Asamblea Constituyente, considero justo que los ciclistas –que somos mucho más numerosos– también exijamos que nuestra voz sea escuchada. Para comprobar nuestra alta representatividad numérica, le bastará constatar cuántos de sus colegas asambleístas poseen una bicicleta. Una Asamblea verdaderamente democrática, no puede dejar de tomar en cuenta nuestra opinión.
Segundo. La Ley de la Gravedad afecta desproporcionadamente a los ecuatorianos más débiles. Me refiero a aquellos débiles de piernas y de carácter, que son los que enfrentan mayores dificultades para acceder a los primeros lugares en una competencia ciclística o, incluso, en un simple ciclopaseo dominguero. La promoción y protección de los débiles debe ser una prioridad para una Asamblea comprometida con el cambio social.
Tercero. Entiendo que la Ley de la Gravedad fue ideada por un científico y caballero inglés llamado Newton, vasallo de una las mayores monarquías coloniales que buscó dominar a los pueblos americanos. Una asamblea soberana como la que usted dirige, debe buscar librar al Ecuador del yugo de una ley extranjera que atenta contra la libre determinación de nuestros pueblos.
Cuarto. Cambiar la Ley de la Gravedad no solo ayudaría a los ciclistas sino que acarrearía otros beneficios importantes al país que van desde lograr ahorros sustanciales en la energía requerida en la movilización de productos y personas, hasta la eliminación automática del sobrepeso de la población.
Confío que una Asamblea tan democrática, tan soberana y tan comprometida con la realización de cambios radicales en el país, no tendrá dificultad alguna en utilizar los plenos poderes que tiene a su alcance para cambiar la Ley de la Gravedad que de manera injusta oprime –contra el piso– a todos los ecuatorianos. Si mi pedido no puede ser atendido por la Asamblea de Montecristi, no me quedará más alternativa que esperar la reunión de la próxima Asamblea –afortunadamente en Ecuador tenemos una cada nueve años– para insistir en esta justa aspiración.
Firmas Press. El autor es economista ecuatoriano y colaborador del diario ‘El Comercio’
|