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Panamá, lunes 7 de enero de 2008
 

REPUDIO A LA CRÓNICA ROJA.

Cuando digamos ¡basta ya!

Berna Calvit
bdcalvit@cwpanama.net

Deshacerme del calendario del año anterior y estrenar el nuevo anotando los cumpleaños y los números telefónicos de la familia y los amigos, es mi entretenimiento usual el primer día del nuevo año, tarea descansada y entretenida después de los julepes de diciembre. El año 2008, por ser bisiesto, tendrá 366 días y según el horóscopo chino será de abundancia y crecimiento económico mundial porque es el año de la rata, animalito astuto que, según la leyenda, llegó primero a la puerta sur del cielo gracias a que con el cuento de entretener al buey para hacerle menos aburrida la carrera le pidió subírsele a la cabeza para cantarle al oído; después de ir "a guanchinche", con un brinco la rata llegó a la meta antes que el engatusado buey, y quedó en primer lugar.

Este año es, también, el año de la papa, declarado así por la Organización de las Naciones Unidas. Aclaro que la abundancia que promete el año de la rata, también año de la papa, no debe entenderse como que es un excelente año para beneficiar aún más a los que ya están en "la papa". La papa a la que se refiere la ONU es el noble tubérculo solanum tuberosum, el de las papitas fritas, el puré, la tortilla de patatas, la ensalada "de feria", y otras delicias, que nada tienen que ver con "estar en la papa", deseo ferviente de los malos políticos.

Saboreando por anticipado los buenos augurios del horóscopo chino, el 1 de enero me instalé frente al televisor esperando ver en los noticieros las cosas lindas del año nuevo: la ciudad, bellamente iluminada y adornada; el derroche de fuegos artificiales, lucidos como nunca antes; vistas de feligreses en la Misa del Gallo; las fiestas en las barriadas; personas bañándose en el mar el primer día del año para alejar la "salazón". Mas no fue eso lo que vi en la televisión, ante la que me planté, indignada, viendo hasta dónde llegaban en sus excesos los gacetilleros del crimen, obedientes de la línea de "periodi$mo" que dictan los "propietario$" y "directivo$" de los medios, poderosos dueños del poder mediático ante el cual se inclinan los gobernantes (porque mejor tenerlos "del lado de acá"), miembros de sociedades que "custodian" los valores morales, la ética, bláblá. Muchas veces a lo largo de 15 años en este oficio de opinadora he expresado mi repudio por el irrespeto de camarógrafos y gacetilleros de crónica roja, a la dignidad humana y el dolor ajeno; por explotar la muerte como espectáculo y la sangre, seguida con insistencia por la cámara para aderezo macabro de la noticia, un pringo aquí, un chorro allá en la pared, ¡qué buen gancho! Las escenas desgarradoras que protagonizan los familiares de accidentados, siempre gente humilde, nutren las noticias; cual aves de rapiña, los gacetilleros rondan hospitales públicos (algo impensable en centros de salud privados), para mostrar, como hicieron el 1 de enero, gente sangrando por balazos, cuchilladas, botellazos; el rostro de una mujer severamente golpeada por su marido. ¡Hasta un edificio medio quemado por el incendio de unas llantas fue reportaje de varios minutos!

En Nicaragua, en 2005, el jefe de la policía sancionó a 80 subalternos por haber recibido beneficios (pagados por los medios, por supuesto) de los reporteros de crónica roja. Alguien me aseguró que en Panamá, en las morgues, cuartos de urgencia, y sitios de accidentes y crímenes, se "colabora" con los reporteros del crimen por unos cuantos dólares. ¡Qué infamia! La discusión sobre la validez y la moralidad de estas prácticas se ha planteado muchas veces; los interesados en mantenerla aducen que están en la obligación de mostrar la realidad; que son espejo de la sociedad, termómetro para medir el avance de la delincuencia. Son puntos de vista que pudieran aceptarse pero ¿para hacerlo es necesario ofender la dignidad de las víctimas, sus familiares, el público y la profesión periodística? Si el periodismo sirve para registrar de todos los aspectos de la sociedad, ¿por qué dedicar casi todo el noticiero a mostrar la cara más fea del país? ¿Es que en Panamá no pasa nada bueno, no hay actividades culturales que cubrir, valores positivos que resaltar? Es un total contrasentido que se promueva Panamá como lugar ideal, sano y seguro para vivir, visitar e invertir, mientras algunos medios de comunicación enfatizan precisamente lo contrario. ¿Por qué no hacen un estudio, una encuesta para preguntarnos qué opinamos sobre esta práctica? Las facultades de Comunicación en las universidades, los comités de ética del Consejo Nacional de Periodismo, el Sindicato de Periodistas, ¿qué opinan sobre esta clase de periodismo?

La crónica roja se fortalece ante la indiferencia y el silencio de las organizaciones religiosas, los clubes cívicos, el Gobierno, ¡el Ministerio de Salud! , y los "buenos y decentes ciudadanos" que se espantan, se indignan o se santiguan cuando alguien se confiesa ateo, partidario del amor libre, o comunista, entre otros "horrores". Si el lunes 1 de enero pasado yo hubiera estado como turista en Panamá, habría salido huyendo del país infernal que apareció en las noticias. Abrigo la esperanza de que los gacetilleros del crimen se moderen. Se logrará cuando nos sacudamos la apatía y la malsana resignación que nos impide exigir en voz alta un ¡basta ya!

La autora es comunicadora social
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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