EN BUSCA DE un estado de derecho.
Estatismo y neoliberalismo
John A. Bennett N
En un artículo publicado recientemente en las páginas de Opinión de La Prensa , un abogado nos cuenta que "el Estado debe garantizar a todos los panameños por su naturaleza insoslayable: agua, energía eléctrica, recolección de basura, transporte público, carreteras, telecomunicaciones y otros de inferior necesidad". Pues mire que una cosa es "garantizar" y otra muy distinta es proveer. Se puede garantizar sin meterse a proveedor, que es lo más sensato, pues el Estado jamás debería ser juez y parte y su función básica de fiscalizador se distorsiona al ser ejecutor; si no vayan a preguntarle a las familias de los envenenados por la CSS. Por supuesto que en el ámbito no gubernamental también se cuecen habas, pero cuando eso ocurre se trata de una empresa y no de todo el país.
Nuestro abogado también habla de "neoliberal" en sentido peyorativo y, aunque no comulgo con el neoliberalismo por ser una política económica de intervención central; aunque mucho menos que lo que desean los socialistas puros, me opongo, porque abogo por una economía verdaderamente libre, en particular de los caprichosos diputados y otros políticos gubernamentales.
Dicen que el mercado es una jungla tenebrosa, pero como bien señala el historiador, periodista y profesor de derecho internacional público argentino, Ernesto Poblet, "El verdadero liberalismo nunca defendió la ley de la jungla o el mercado desregulado. Por el contrario, el liberalismo exige reglas, pactos, obligaciones que enmarcan la relación de las fuerzas económicas". Poblet va más allá citando a Bernard Henri Levy, joven filósofo francés de izquierda, quien señala que: "El liberalismo no es el mercado, es el contrato".
Hay una marcada diferencia entre el liberalismo clásico y el neoliberalismo, siendo este último un giro de idealismo socialista que suponía evadir los "excesos" del liberalismo puro. El primero en ser apodado "neoliberal" fue el alemán Wilhelm Röpke, nacido en 1899, quien se convirtiese en uno de los más distinguidos economistas de sus tiempos, a la par de eminentes figuras tales como Ludwig von Mises y Friederich von Hayek.
En la Alemania de 1948, arruinada por la guerra, cuando muchos clamaban por una solución socialista y una economía planificada, Ludwig Erhard rechazó este populismo. Su administración detuvo la desastrosa inflación post guerra y el estancamiento en 1948 mediante la emisión de una moneda sólida, el Deutschmark, y la abolición de un tajo de los controles de precios que habían sobrevivido al colapso del socialismo del Tercer Reich. Con ello se lanzó la política occidental alemana de una democracia de relativo libre mercado, que dio lugar al renacimiento de una nación destruida, asombrando al mundo e inspirando reformas similares en Italia, Francia y otros países.
A los socialistas no les importaba que ya el neoliberalismo representaba un giro socialista; querían mucho más, querían la colmena y cada quien soñaba con ser la abeja reina que todo lo controlaba con sus hechizos feromonales.
Pero el propio Levy nos advierte que la nueva izquierda está embobada con un totalitarismo de la extrema derecha; y lo dice así: "La izquierda está enferma de derechismo...".
Röpke fue uno de los originadores del ideario de la democracia cristiana que enfrentó la amenaza expansionista totalitaria soviética. Y fue Röpke el primero en acuñar la frase de "la tercera vía" que luego sería tan abusada. También advirtió en contra de las "mayorías opresivas e intolerantes", usando como modelo a la vecina Suiza, que lo albergó en su destierro.
A raíz de toda esta confusión y del intento de Röpke por diferenciarse del liberalismo laissez–faire o de "dejar hacer"; pero sin caer en la vorágine de un centralismo totalitario, tal como el nazi o soviético, hoy emulado por figuras como Fidel y Chávez, Röpke caminó una cuerda floja entre ambos "extremos". Esto le ganó el epíteto de socialistas que lo acusaron de "neoliberal". Más adelante el propio Röpke habló de "mercado social" o de "economía humana" o de "la tercera vía", frase que sus aliados adoptarían para describir su visión política.
Resumiendo, los Estados a través de sus políticos en el gobierno, jamás podrán ser buenos intermediarios económicos debido a los vicios inherentes en la política. El estatismo no resuelve, necesitamos es un estado de derecho.
A los de estrecha óptica que abogan por regresar a nuestras épocas estatistas de servicios públicos centralizados, les señalo que las privatizaciones fueron 21 y han sido contundentes éxitos para todos los panameños; tales como los puertos, cemento, ferrocarril y más. Si algunas no lo fueron plenamente, es porque todavía son medio gubernamentales y guardan ciertos vicios monopolísticos.
Poblet también recuerda el decir de Alberdi: "Los Estados son ricos por la labor de sus individuos, y su labor es fecunda porque el hombre es libre, es decir, dueño y señor de su persona, de sus bienes, de su vida, de su hogar. La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual".
El autor es director de la Fundación Libertad
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