NUEVOS MAGISTRADOS.
Última oportunidad: si fracasan esta vez, acabarán con la democracia
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Como ciudadano siempre he abrigado la esperanza de que la escogencia de magistrados se dé después de que una comisión independiente haya podido convencer a prestigiosos juristas íntegros a que permitan que su nombre sea tomado en consideración para el puesto; pero, no hay remedio: en esta etapa hay que trabajar con la Constitución que hay, con todos sus defectos.
De la lista de aplicantes, sin lugar a dudas el Presidente escogió lo mejor de la lista. Hay el defecto importante en lo de la afiliación política, pero existe la esperanza de que los nombramientos hayan roto la llave de impunidad y corrupción que produjo un funesto pacto entre ex presidentes.
No conozco a Jerónimo Mejía sino por referencias pero, aparte de algunos de sus clientes que no cuentan con mi respeto, todo lo que me han dicho es que conoce bien la Corte, que es un jurista bien preparado y sin cola de paja conocida. Ejerció como abogado de La Prensa muchísimos años después de mi salida de la dirección del diario, así es que nunca nos encontramos. Además, conociendo a La Prensa, si alguien piensa que esa previa relación con el periódico lo salvará de la crítica en caso de un mal desempeño de sus labores, le pronostico todo lo contrario.
A Oydén Ortega sí lo conozco, ya que trabajé con él en Transparencia Internacional, capítulo de Panamá. Cuando fue necesario incluir a un miembro del PRD en la Junta de Transparencia Internacional (donde existe una amplia representación de todos los sectores políticos y privados), de las opciones consideradas por el PRD por unanimidad escogimos a Oydén Ortega. Pude comprobar durante este tiempo de trabajo juntos que es un hombre serio, con una buena preparación jurídica y, sobre todo, independiente y dispuesto a sacrificios personales para mantener sus principios. Así es que, aún cuando PRD, no lo veo siguiendo ninguna "línea"; si no lo hizo antes, conociéndolo creo que menos lo hará ahora como magistrado del más alto tribunal del país.
Las primeras palabras de los nuevos magistrados al aceptar la ratificación de la Asamblea pintan bien. Ortega dijo "no puede existir una Corte donde se vendan fallos". Mejía dijo "aplicaré la ley basado en la Constitución porque no tengo compromisos con nadie". Al igual, Harley Mitchell –nuevo presidente de la Corte– dijo "no a la corrupción en la justicia". Buen comienzo, ya que aceptan que el sistema está enfermo y corrupto; solo aceptando la enfermedad puede iniciarse la cura. Ahora, esperamos que eliminen la ridícula publicidad de que seamos justos con la justicia corrupta e inicien de inmediato unos claros movimientos reformistas. No más venta de sentencias. No más cierres de investigaciones justificadas. No más pactos de no agresión con los diputados. No más conocidos maleantes revoloteando por el Palacio de Justicia. No más visitas de abogados con casos en la Corte, cuya "amistad" con el magistrado "tal o cual" automáticamente pone en entredicho toda sentencia. No más sentencias jurídicas totalmente descabelladas. No más pactos de impunidad para ex mandatarios… y un largo "etcétera".
Sugiero que, poniendo el ejemplo desde la cúpula, inicien limpieza hacia abajo donde la corrupción que se daba arriba se ha considerado como una licencia para compra y venta de sentencias. Luego de tanta porquería por tantos años, reconstruir la credibilidad de la Corte no será fácil, pero la oportunidad se presenta hoy… ¡no la pierdan! ... tienen sobre sus hombros una enorme responsabilidad histórica.
Ésta pareciera ser una última oportunidad de reformar la Justicia; si no pasan de las palabras a la acción podrían estar acabando con nuestro sistema democrático, pero si dan el claro golpe de timón pasarán a la historia como los que lograron el cambio y fortalecieron a la democracia de nuestra nación, ¡no pueden fracasar!
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana.
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