CELEBRACIÓN. UNA TRADICIÓN DE HUMOR.
Día de los inocentes
Las bromas, influidas por los gustos y los valores sociales, son las protagonistas de este día.
Redacción internacional /EFE
Las noticias falsas e inverosímiles forman parte de la festividad a la broma por antonomasia, el Día de los inocentes. Y es que la historia de las inocentadas está escrita en parte por los periodistas, que firman o no como Inocencio Santos.
Así, los lectores en este gran Día de los inocentes elucubran sobre cuáles son falsas y cuáles no. Los políticos, los actores, cantantes y presentadores de televisión son algunos de los principales protagonistas de estas noticias falsas.
La tradición del Día de los inocentes se origina en la leyenda de la matanza de niños que ordenó el rey Herodes I el Grande a sus soldados con el objetivo de asesinar al Niño Jesús en Judea. Aunque, recientemente, el arqueólogo israelí Ehud Netzer presentó la tesis de que Herodes no pudo ser el autor de la matanza de los inocentes, ya que murió en el año cuatro a.C.
Sucesivamente, esta fiesta se ha popularizado influida por el paganismo de la Edad Media, cuando en este día la juerga era el preludio del Carnaval. En España, la celebración de esta festividad nació en el reinado de Felipe II. Posteriormente se propagó a otros países hispanohablantes.
Una de las bromas más antiguas son las mazas, que eran un trapo o un muñeco hecho de papel que se prendía en señal de burla en la vestimenta de la gente -pero, para que no lo viese, en su espalda-, ha pasado a la historia.
Las ideas para las inocentadas son variadas, y según el actor y el receptor, pueden ser calificadas de buen o mal gusto. Así, familiares, amigos y compañeros del trabajo que quieran ir más allá de los chicles eléctricos o rellenos de tinta, pueden contratar por internet servicios especiales.
El más extendido es pagar a uno o varios actores para que llamen al "inocente" para gastarle una broma, la cual puede ser hasta la notificación de una denuncia por acoso sexual en el trabajo.
La edad para ser bromista no ha sido nunca límite, lo que sí determina esta es la manera: así, los niños compran petardos y los mayores, a veces, rebasan unos límites y caen en el exceso y el mal gusto.
Con el uso de las nuevas tecnologías, principalmente, el teléfono móvil e internet, las tradiciones antiguas decaen de forma paulatina.
De esta manera, en América Latina y en España había costumbres muy singulares, como la de disfrazarse, que ya no se siguen.
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