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Panamá, viernes 28 de diciembre de 2007
 

CONFLICTO.

Últimos fantasmas de los Balcanes

Daniel Serwer

En las próximas semanas se resolverán, de una forma u otra, las últimas cuestiones territoriales pendientes en los Balcanes, donde las guerras de la década de 1990 terminaron con las intervenciones de la OTAN en Bosnia (1995) y Kosovo (1999). A pesar de la paz, varios problemas importantes quedaron sin solución. Bosnia se dividió en una federación croata-musulmana y una República Serbia, cuyo Gobierno central carecía de autoridad y que requirió de una presencia internacional (y posteriormente civil) significativa para permanecer unida. Kosovo quedó como protectorado de la ONU con una "situación definitiva" incierta.

Esas cuestiones sin resolver vuelven ahora: incitados por el Gobierno de Serbia, los líderes serbios de Bosnia consideran la secesión; mientras que los musulmanes buscan aumentar el control central. Y la población albana de Kosovo exige la independencia, pero Serbia trata de posponer una decisión bloqueando medidas en el Consejo de Seguridad.

Hay un riesgo real de que se repita la violencia, aunque tal vez no a la misma escala que en 1990. Si las negociaciones en curso sobre la situación de Kosovo fracasan, los extremistas albanos tratarán de expulsar a los más de 100 mil serbios. Igualmente, todo intento secesionista de la República Serbia de Bosnia podría generar inestabilidad.

Serbia, que cambió el nacionalismo violento por el no violento cuando Slobodan Milosevic fue derrocado hace ocho años, ha hecho todo lo posible para impedir que se resuelvan estas cuestiones, con el firme apoyo de la Rusia de Vladimir Putin. Serbia quiere el mayor grado de independencia posible para la República Serbia y afianzar al mismo tiempo su propia soberanía en Kosovo. La meta de Serbia es que los serbios en su territorio estén gobernados únicamente por serbios.

Estados Unidos y la Unión Europea están comprometidos con una visión distinta: la transición democrática y la integración de todos los Balcanes a la OTAN y, con el tiempo, a la UE. Pero se han mostrado renuentes a imponer condiciones a Serbia por temor de que lleguen al poder nacionalistas aún más radicales. EU permitió que Serbia fuera miembro de la Asociación para la Paz de la OTAN, a pesar de que ese país rehusó a extraditar al general Ratko Mladic, el líder militar de los serbios bosnios durante la década de 1990, a La Haya para que fuera juzgado por crímenes de guerra. La UE ha negociado y rubricado (pero no ha firmado) un Acuerdo de Estabilización y Asociación con Serbia, a pesar de su obstinación en las negociaciones sobre Kosovo y su interferencia en Bosnia.

Pero el apaciguamiento ha fracasado. EU y la Unión Europea deben utilizar mano firme para asegurar que su visión prevalezca y traiga por fin la paz a una región que constantemente se ha visto arrastrada por las grandes potencias en sus conflictos. Esto exige, sobre todo, una dura advertencia a Serbia de que ya no puede impedir que Bosnia y Kosovo se acerquen a Europa. Si por el momento una Serbia democrática prefiere el nacionalismo radical y alinearse con Rusia a ser miembro de la UE y de la OTAN, que así sea. No hay intereses de EU en riesgo y Serbia se dará cuenta de su error. Para la UE debería ser un alivio no admitir a una Serbia como esa.

Al mismo tiempo, Estados Unidos y la UE deben actuar de manera conjunta y con seriedad en lo que se refiere a Bosnia y Kosovo. En Bosnia, cualquier intento adicional de socavar el arreglo esencial que se alcanzó mediante el acuerdo de Dayton de 1995, debe enfrentarse con los plenos poderes del "alto representante" de Bosnia, quien acaba de negociar un acuerdo que fortalecerá a la frágil estructura de gobierno. Los principales políticos serbios y musulmanes juegan con fuego, porque saben que los bomberos están preparados. Es tiempo de quitarles los cerillos.

En Kosovo, ahora que ha concluido una ronda de negociaciones de último recurso con un informe al Secretario General de la ONU, EU y la UE deberían estar dispuestos a reconocer la independencia de Kosovo, siempre que los kosovares estén de acuerdo en aplicar el plan presentado por el mediador Marti Ahtisaari.

El plan da amplia protección a los serbios y prevé una presencia internacional en Kosovo –que EU y la UE tendrán que proporcionar, incluso, sin una nueva resolución del Consejo de Seguridad– para garantizar su aplicación. Irónicamente, la resistencia de Serbia al plan debilita la protección para los serbios de Kosovo y aumenta el riesgo de que reciban malos tratos.

A los funcionarios estadounidenses les agrada señalar que EU ha intervenido, en repetidas ocasiones, para proteger a los musulmanes de la guerra y la dictadura. Pero esta afirmación quedará devaluada si las intervenciones en Bosnia y Kosovo, que hasta ahora han sido exitosas, terminan en tragedia.

En ambos lugares, se puede alcanzar un resultado satisfactorio. Para lograrlo, Estados Unidos y la Unión Europea deben garantizar que Serbia no cree problemas, que Kosovo alcance la independencia y que Bosnia permanezca unida.

Project Syndicate. El autor es vicepresidente de operaciones de paz y estabilidad en el Instituto para la Paz de Estados Unidos.
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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