CELEBRACIÓN. LOS jóvenes suelen TOMAR MÁS LICOR DEL QUE PUEDEN SOPORTAR.
Fiestas con juicio es mejor
Docentes y padres de familia creen que, en ocasiones, se consiente mucho a los hijos.
Este mes se realizaron más de 300 ceremonias de graduación en la ciudad de Panamá.
| LA PRENSA/ Eric Batista |
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| FESTEJOS. Los bailes de graduación son el evento social más esperado por los muchachos de la educación media. 962029 |
Edgar Enrique Figueroa
efigueroa@prensa.com
Cuando llega diciembre, la ilusión de los jóvenes graduandos es el baile de graduación y la posibilidad de lucir el mejor de los atuendos. Para algunos, la magia la completa un banquete majestuoso.
Johanys era una de las que no veía la hora de que arrancara la fiesta. Estudiante del Instituto Fermín Naudeau, Johanys no podía creer que había llegado el día que más había esperado.
La noche del jueves 20 de diciembre, ella esperó impaciente a su grupo de compañeras en la esquina de la puerta principal del salón Vasco Núñez de Balboa del hotel El Panamá. Lucía un vestido celeste con chispas brillantes. Sus ojos irradiaban felicidad, pero la espera la llevó a unirse a otro grupo de varones que se miraba los zapatos, como en señal de competencia.
Johanys tocó su bolso y preguntó la hora. El joven a su lado, vestido con saco, pantalón negro y una corbata lila, le respondió: "Muy temprano... Son las 8:45 [de la noche]". A eso agregó después, con sonrisa pícara: "Lo mejor siempre es más tarde".
Los estudiantes empezaron a llegar. La algarabía, los besos en la mejilla y los estrechones de manos se tomaron el lugar. Los grupos se unían y la mayoría acordaba entrar para divertirse. La metamorfosis de la noche empezó con el banquete y el vino. La euforia se apoderó de la sala. Los bailes eran más intensos y las ideas de lo que pasaría después se gestaban en ese momento.
Precisamente junto a Johanys estaba Edilsa, su mejor amiga, quien sugirió que al terminar la fiesta se fueran a una discoteca. "Yo no pedí permiso", dijo otra, notablemente incómoda por la confesión.
Alicia Padilla, orientadora, ha participado en este tipo de actividades y cree que hay grupos de jóvenes que se contagian por la euforia de saber que se van a graduar y que se quitarán un peso de encima. "Por eso hacen muchas travesuras", opina.
Padilla asegura que es muy difícil estar pendiente de los estudiantes en este tipo de fiestas, ya que son muchos. La orientadora, quien trata estos temas con adolescentes, cree que hay algo fundamental que los jóvenes pasan por alto: la precaución. La mayoría de los chicos no toma en serio este aspecto y se descontrola. "Al estar presente el alcohol, la situación empeora", añade.
En otro punto
Mientras algunas graduandas del Fermín Naudeau no decidían el lugar, otros del Instituto de Marina Mercante –que festejaban en el salón Zafiro del mismo hotel– ya tenían fijado su after party.
Para concretar los planes, Camilo, de 18 años, pidió prestado el bus colegial de su madre. Dos chicas y cinco amigos más se irían a celebrar al mirador que está en Las Cumbres.
"Esta práctica no es nada nueva", dijo Raúl Castillo, padre de familia. Él está de acuerdo con Padilla y asume que la responsabilidad es de los padres, quienes en ocasiones consienten las acciones indebidas de sus hijos.
La experiencia, a través de los años, es que el descontrol y el licor, al combinarse, no da buenos resultados.
Tal como plantea la profesora Padilla, ambas cosas pueden hacer que una linda fiesta de graduación tenga un final no muy feliz.
27 mil jóvenes del país dejaron la vida estudiantil
La semana pasada, 27 mil alumnos de sexto año de los colegios públicos y particulares recibieron su diploma de bachiller.
Un informe del Ministerio de Educación dio a conocer que muchos alumnos ingresarán a las universidades y otros se incorporarán al mercado laboral. Desde el lunes 17 hasta el viernes 22 de diciembre, más de 300 colegios de la ciudad realizaron su fiesta y ceremonia de graduación.
Fue durante esta semana que se registró un hecho lamentable. El miércoles 19 de diciembre, a las 5:00 a.m., falleció en un accidente de tránsito la joven Adalis Mendoza Santamaría, de 19 años, quien se dirigía a su casa después de su fiesta de graduación. Ella, junto a dos compañeros de su colegio –el José Dolores Moscote–, no imaginaba lo que ocurriría después. El conductor del vehículo tenía 17 años y portaba un permiso de conducir que lo autorizada a conducir en horario de 6:00 a.m. a 9:00 p.m. Esta no es la única tragedia en el colegio. En mayo de 2007 fue asesinada la alumna Ca-therine Rodríguez, de 17 años.
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