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La Navidad es, o debería ser, un tiempo feliz. Porque la principal fiesta cristiana llega y los niños están rebosantes de alegría, con unos corazones tan limpios que les permite imaginar que un arco iris se cae del cielo para teñir la tierra de colores... Y que papá Noel tiene ya repleto su trineo, listo para repartir regalos. En Panamá, como en muchas otras partes del mundo, la ciudad se ha vestido de colores y de representaciones de pesebres. Son una invitación a la contemplación, a imaginar vidas en miniatura, a compartir el encanto de una época que debe ser más que regalos, compras y fiestas. Porque la Navidad es, también, un tiempo para recordar a los que no están. A los que ya se fueron y dejaron alguna huella, algún recuerdo. A saber que por todos ellos estamos ahora aquí, viviendo, y compartiendo con los nuestros los colores de otra Navidad. Texto: Ana Teresa Benjamín
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| © 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
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