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Panamá, lunes 24 de diciembre de 2007
 

AÑO NUEVO.

La fuente de los deseos

Berna D. Calvit
bdcalvit@cwpanama.net

Estamos a la puerta de un nuevo año y otra vez acudo, impenitente optimista, a la fuente de los deseos. ¿Ilusa? Tal vez. ¿Pero cómo podría seguir en este mundo si no fuera porque me alimenta la esperanza de mejores días, la convicción de que existe bondad en el ser humano, de que algún día los niños no morirán de hambre? ¿Será el año 2008 mejor, peor, o igual que 2007? El porvenir es siempre incierto, mas deseo creer que el próximo año va a ser el mejor de mi vida, de la suya, del mundo entero, si es que mis deseos se hicieran realidad.

Es ocasión apropiada para echarle un vistazo a lo que dejamos atrás, simbolizado en la figura del viejo canoso y cansado que se va con su motete de problemas a cuestas. ¡Y qué motete! El niño en pañales, que representa el futuro que empieza el 1 de enero ¿qué traerá? Este mes marca el cierre fiscal de nuestras acciones, la suma y resta de logros y fallos. ¿Cumplimos nuestras metas o nos quedamos a "medio palo"? Las cuentas del debe y el haber se me cuelan con insistencia machacona y mis pensamientos, cual caballo trapichero, giran y giran, moliendo, desmenuzando y separando del jugo de cada día aprovechado, el bagazo de las horas perdidas. Fin de año… pasa la página del calendario y se abre un nuevo comienzo en el libro de la vida, que celebramos, si el dinero alcanza, con tamales, jamón o pavo, las uvas de las 12, cohetes, música y el amigo Baco, siempre presente en esta fiesta.

Si calificara el comportamiento de 2007, con notas del uno al cinco creo que pasaría con un tres "pelado", salvado del fracaso, entre otras cosas porque, ¡gracias a Dios!, la estabilidad política no fue alterada; porque aunque mal repartida, la bonanza económica sigue en aumento y tal vez llegue el momento en que, en vez "del lobo un pelo", lograremos arrancarle, no uno, sino muchos pelos a la prosperidad. La buena calificación que se hubiera podido ganar el 2007 la perdió por no haberse resuelto, ni siquiera mejorado, algunos de los problemas que más nos afectan, entre ellos la corrupción, fuente de casi todos nuestros males; monstruo al que, como la mitológica Hidra, le crecen dos cabezas allí donde le cortan una. Aunque finalmente la perversa Hidra perdió todas sus cabezas, en la vida real, nada de mitología de por medio, estamos lejos de descabezar la corrupción.

Basta con leer los sucesos de los últimos días para saber que nuestra Hidra está vivita, coleando, y muy bien apadrinada. ¿Será malo lo desmemoriados que somos los que vivimos en este país bullanguero, o será sano olvidar los pesares, y es lo que nos permite seguir siendo un pueblo tan dispuesto a la fiesta, a la queja sin consecuencias, a no hacer hoy lo que se puede hacer mañana?

Quedan sin aclarar feos asuntos, algunos deliberadamente engavetados, dándole tiempo al tiempo para ver si el polvo del olvido termina por cubrirlos completamente; y otros, con "sardinitas" enganchadas en el anzuelo de la justicia, mientras que los peces gordos, los tiburones, siguen moviéndose a sus anchas en el vasto mar de la impunidad. Así y todo, espero el año 2008 con mi lista de deseos y propósitos debidamente afinada por un "por si acaso". Como el próximo año despega la campaña para elegir nuevos gobernantes, le pondré chaleco blindado a mi cerebro para ponerlo a salvo de chácharas mentirosas y promesas huecas y exageradas. De la televisión, además de tanta grosería, sexo y violencia, quisiera que desapareciera el absurdo y tonto comercial que pregunta: ¿Le gustaría ser trillonario? Me sentiría agradecida hasta el tuétano si no volviera a oír el jingle que dice:

"Bueno pa’mi, bueno pa’ti, bueno pa’todos", otro anuncio gubernamental de la campaña Martín Torrijos presidente. Enviaría nota de agradecimiento a los reporteros si dejaran de meterle el micrófono en la boca al familiar del difunto que llora a su muerto para preguntarle "¿Qué sintió al ver a su hijo con seis balazos?". Sería maravilloso que Harry Potter me prestara la capa mágica que lo hace invisible, para colarme en el despacho de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia; que se le enredara la lengua a los taxistas antes de que digan "yo no voy para allá" y que a los descarados que vacían la vejiga a la vista del público, lo más benévolo que se me ocurre es que se les trabe el zíper, que ni para arriba ni para abajo. Sería un deleite sin precio no ver a la ex presidenta Moscoso hablar de corrupción, nepotismo e ineptitud; y muy tranquilizante, que Pedro Miguel González deje de asustarme copiando a Manuel Antonio Noriega (cualquier día aparece machete en mano). ¿Y es demasiado esperar que a Figali lo metan en cintura?

Mis propósitos para el nuevo año: seguir trabajando agradecida y con entusiasmo en lo que haga en y las causas en las que creo; seguir vinculada con amor con mis hijos, nietos y familiares queridos; cultivar y honrar la amistad; escribir sin ataduras ni compromisos; disfrutar de las cosas sencillas que tengo a mano, el mar, los libros, la música, la conversación. Para usted, de todo corazón mis deseos de que el año 2008 le llegue cargado de felicidad, salud y prosperidad.

La autora es comunicadora social
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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