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Panamá, lunes 24 de diciembre de 2007
 

VOCACIÓN Y OBSTÁCULOS.

El pasado paro médico

Francisco Sánchez Cárdenas

Los paros o huelgas médicas son desagradables para todos, incluso para nosotros los médicos. No estudiamos todos los días para hacerle daño a la población ni anteponemos nuestros intereses ante el sufrimiento físico y emocional de nuestros pacientes.

La gran mayoría somos médicos por vocación y queremos nuestra profesión por la gran espiritualidad que encierra la práctica de la medicina. Ni aún la juventud médica que ha crecido en un ambiente económico diferente y con una concepción más pragmática de la vida, ¡ni aun ellos! han perdido la espiritualidad de nuestra profesión.

Los que trabajamos todos los días con pacientes y no en oficinas refrigeradas, hemos visto a esos jóvenes médicos sufrir junto con sus pacientes. Los hemos visto dar mucho más de los que deben dar por el paupérrimo sueldo neto de 470 dólares quincenales que reciben después de 13 años de estudios. Los hemos visto mendigar recursos a las empresas privadas que suplen a los hospitales del Estado, para solucionar un problema a un paciente, porque la institución no tiene los recursos.

No pretendo incluir a todos los colegas en los conceptos emitidos, pero sí le aseguro a la población que la mayoría trabaja con ahínco y dedicación. Definitivamente que hay colegas que con su comportamiento displicente, grosero, y que con el bajo rendimiento en las instituciones públicas, denigran el magnífico desempeño de la inmensa mayoría. El que estos colegas convivan dentro del sistema es culpa de las administraciones y de nosotros mismos que los hemos protegido.

Una vez logrado el objetivo salarial, creo que ha llegado el momento de que, sin importar el partido que esté gobernando, no callemos más nunca ante tanta ineficiencia administrativa y tampoco protejamos a los que desde adentro nos hacen daño. La Asociación Médica Nacional como ente académico, la Comenenal como ente gremial, y las diferentes sociedades médicas especializadas, en aras de mantener el prestigio de nuestra profesión, deben exigirles a todos los médicos en funciones administrativas, el cumplimiento de un código de ética dirigido a no callar ante los errores del sistema y de los profesionales. Estos grupos deben ser vigilantes y exigentes con el cumplimiento de las funciones de cada médico.

Este recién pasado movimiento de la juventud médica del país nació de una asfixiante situación económica que viven estos panameños, al igual que todos los sectores de la población. La juventud estudiada del país, que tiene el mérito de haberse sacrificado, no vislumbra el futuro en forma brillante. Ellos sienten que no pueden educar a sus hijos como lo hicimos nosotros. Esa juventud que procede de clase media superada que nos vio escalar socialmente, hoy siente que tiene que irse a vivir en las marginales de la ciudad, es decir que van sentido inverso al que vivieron anteriormente.

El movimiento fue reivindicativo salarial, y como tal, con toda justicia, nació. Los jóvenes médicos, basados en lo justo de su pedido (el 60% solicitado evidentemente era una posición de negociación), en su inexperiencia no evaluaron bien los métodos descalificadores que ponen en práctica los gobiernos. No evaluaron el enorme poder económico que se mueve detrás de la pauta radial de la campaña que concluye con el ya cansón estribillo. No evaluaron que nuestros gobiernos criollos tienen múltiples formas y mecanismos para "modular" opiniones.

Pero lo cierto es que en el camino surgieron aspectos muy interesantes a los cuales la población debe ponerles mucha atención.

De esos aspectos el más importante es la concepción repetitiva y lucrativa que se quiere poner en práctica en manejo de la salud del país. En pleno paro médico el Gobierno hace pública su propuesta del Servicio Unificado de Salud que no fue producto del diálogo nacional, que tampoco fue avalada por los garantes y que menos fue discutida dentro de nuestro partido. Soy de la opinión de que en salud y educación, son los gobiernos los únicos responsables de normar, dirigir sufragar y cumplir con dicho compromiso y que en esas dos esferas no debemos permitir la introducción del germen lucrativo. La educación y la salud no son servicios públicos, son deberes constitucionales del Estado, es decir, de la sociedad y su gobierno.

En 1975 pusimos en práctica los Sistemas Integrados de Salud cuyos resultados fueron parciales y duramente cuestionado porque se recargó a la CSS con la mayoría de la responsabilidad financiera y administrativa del nuevo método de trabajo.

Ni la CSS ni el Minsa tienen la capacidad administrativa para manejar la salud del país, eso está demostrado. La CSS debe dedicarse exclusivamente a administrar el Programa de Pensiones y el Minsa debe normar, dirigir y fiscalizar el sistema, pero no lo debe administrar. Para administrar la salud, dentro del concepto de un Sistema Único de Salud, se deben crear dos entes autónomos e independientes. Uno, el más importante para la Salud Preventiva (Primer Nivel) y otro para la salud Curativa (Segundo y Tercer Nivel).

Felicito a la juventud médica del país por esta acción gremial y por poner las cosas claras y defender el derecho a la salud que tienen todos los panameños. Ahora demostremos que tenemos la intención, para desde adentro, dar un servicio cada día mejor, con más calidad profesional y más calidez.

Al actual y futuro gobierno le aconsejo no provocar una reacción masiva en contra de cualquier intento de modificar el sistema de salud del país que conlleve en su interior el cáncer lucrativo dentro de una prestación eminentemente pública, humana y social, porque en este ámbito se afecta a los más urgidos de salud y se abusa de los profesionales.

El autor es neurocirujano de la CSS y miembro del PRD.
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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