ECONOMÍA.
Clase media panameña en peligro de extinción
Amed A. Arosemena A.
Estamos en un país en el que se predica un crecimiento económico del 11% –envidiable para cualquier nación de la región– y se supone que por la cantidad de habitantes, debería existir un balance socioeconómico que permitiera una equidad en la distribución de la riqueza, lo que difiere en gran medida con la realidad que perciben muchos panameños y panameñas.
El primer ejemplo viene con el boom inmobiliario, en donde la clase media es víctima de la especulación por parte de las empresas de bienes raíces que incrementan de manera salvaje el valor del metro cuadrado, a tal punto que son pocos los proyectos inmobiliarios con buena planificación urbana y que aplican dentro del sistema de interés preferencial, coartando el acceso a una vivienda digna y decorosa. Ese sector solo vierte su interés en el mercado europeo y anglosajón por el aspecto económico, y es comprensible, pero olvidarse de la clase profesional panameña significa un desconocimiento intrínseco del concepto que se practica a nivel mundial en materia de responsabilidad social empresarial.
Otro ejemplo de las peripecias del diario vivir de nuestra clase media es el desgaste académico a que se someten miles de jóvenes en busca de mejores oportunidades en el campo laboral. La mayoría, con esfuerzo y oportunidades crediticias, culminan sus estudios superiores –en universidades privadas nacionales o en el exterior– sin la certeza de una estabilidad laboral que les permita cumplir con el compromiso crediticio adquirido, toda vez que la remuneración económica no recompensa el desempeño en el campo profesional.
El alza en el precio del combustible y el pésimo servicio en las estaciones distribuidoras incrementan la problemática colectiva en este sentido. El descarado aumento de la tarifa en el Corredor Sur representa un duro golpe que resiente los bolsillos de los cientos de miles de panameños que tratan de escapar de los embotellamientos vehiculares y se encuentran con la misma situación, solo que pagando una tarifa.
El aumento en la canasta básica se convierte en la cruz más pesada para el sector profesional, por el incremento de los precios en los productos de primera necesidad. Cada día, con el mismo dinero, se compra menos y no hay quien le ponga el cascabel al gato en esta situación. Solo observamos, a través de los medios de comunicación, estériles confrontaciones entre productores e intermediarios sin encontrar una respuesta acertada a los intereses colectivos. Si bien las ferias que realizan los productores son una excelente iniciativa, lastimosamente miles de panameños no pueden aprovechar las mismas.
Por otra parte, el aumento en el costo de la energía eléctrica para 2008 –con todo y el subsidio gubernamental– definitivamente amedrentará la economía colectiva y de manera irónica. Irrespetan a la población con una publicidad de ahorro energético que refleja pesimismo, pues induce a los panameños para que prácticamente no enciendan un foco en sus hogares en la época navideña, como adelanto a lo que viene en la primera factura del año entrante.
Muchos entendidos no se explican cómo la clase media reflejó el índice más alto en la adquisición de automóviles en los últimos años, originando una saturación de vehículos, producto del más que deficiente sistema de transporte público en donde los ciudadanos hacen hasta lo imposible para no utilizarlo.
Independientemente de los problemas planteados y de otros más, hay algo que no se le puede demeritar a nuestra clase media, y es que todos los días sale –con fe y voluntad– a trabajar por el desarrollo del país en todos los sectores, porque cuenta con profesionales que reflejan la esperanza y la convicción de que, independientemente de la indiferencia de los sectores económicamente poderosos, ellos siguen dando lo mejor.
En resumen, hacemos un llamado a la reflexión al sector gubernamental y privado, para que aunen esfuerzos que vayan dirigidos a la aplicación de políticas sociales que puedan dar respuesta a los problemas de gran envergadura que aquejan a la clase media panameña, y que hoy por hoy, frente a los últimos acontecimientos, siente que se encuentra en peligro de extinción.
Finalmente, traemos a colación una célebre frase del escritor inglés, Samuel Johnson, "Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción".
¡Feliz año 2008 y que Dios colme de muchas bendiciones a todos en sus respectivos hogares!
El autor es comunicador social
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