EXPERIENCIAS REGIONALES.
Una derrota para reflexionar
Eduardo L. Lamphrey R.
El triunfo del "no" ha dejado en evidencia que el fenómeno Chávez, en Venezuela, se enfrenta a un nuevo panorama, los nuevos paradigmas allí presentados ponen a los políticos, a los empresarios, líderes religiosos y educadores a analizar fríamente, dejando la pasión a un lado, y a sacar objetivas conclusiones. La primera es que ha surgido un nuevo protagonista: los estudiantes universitarios. Sector que siempre ha representado la conciencia crítica de la nación. Sector bien identificado con las clases populares y enemigo natural de las oligarquías nacionales y de las fuerzas foráneas. Ellos lideraron la oposición a las reformas constitucionales, mientras la oposición sigue desarticulada y sus líderes ya emigraron –la mayoría hacia Panamá– asegurando sus capitales e intereses económicos, ante la posibilidad real de que les expropiaran sus inmensas fortunas.
Otro paradigma es que, por primera vez desde su ascenso al poder en 1999, el presidente Hugo Chávez sufrió una derrota electoral, y en un gesto que lo enaltece reconoció la derrota la misma noche en que se produjo.
El gobierno bolivariano–venezolano, junto a Chávez, ha robustecido su imagen democrática. El abstencionismo da la cara por primera vez en estas justas electorales, tres millones que Chávez aduce que le pertenecen y que aún no sabe por qué no votaron. Sencillamente se abstuvieron de votar, por no coincidir con las reformas constitucionales ya que de una u otra forma golpeaba sus intereses. Pero su disciplina partidista le impedía votar en contra de los intereses políticos de su partido.
Esta experiencia ha demostrado que cualquier lineamiento político que se quiera imponer a una colectividad, para no revertirse en un irremediable revés, debe estar sustentado en todo un trabajo político que exponga nítidamente los beneficios clasistas hacia la mayoría de los ciudadanos. Es necesario acoplar cualquier modelo a las circunstancias reales y objetivas del país donde se quiere dar el cambio, se hace necesario neutralizar los intereses negativos al cambio desde el exterior, como del interior del país. Además, las herramientas necesarias para llevar al colectivo a votar a favor del cambio esta vez no estaban dirigidas por sus lideres naturales: alcaldes, gobernantes etc., dado que la reelección no los incluía. Una vez que sean incluidos en este paradigma político, seguro que volverán a conducir a sus seguidores por la votación del "sí", ya que ahora sí le ven sentido a la lucha política, y seguro que así disminuirá radicalmente el abstencionismo.
Igualmente, se hace necesario exigir que el lenguaje explicativo hacia el cambio propuesto debe ser sencillo, natural y agradable. Debe explicarse nítidamente que los actores que no quieren el cambio, porque de una u otra manera les afecta sus intereses clasistas, emigrarán del país y desde allí entrarán a fogonear al gobierno de turno y solo volverán cuando se les asegure que sus intereses serán custodiados y asegurados por las políticas gubernamentales.
Para ejemplo, Panamá es muy atractiva para la clase media y alta venezolana, que en la nación petrolera de Sudamérica viven el asedio gubernamental. Que con "el socialismo del siglo XXI", ven arrinconadas sus riquezas frente a las políticas sociales que imperan. Se habla de más de 100 mil venezolanos que entraron al país y han comprado empresas, invierten en las inmobiliarias, en los megaproyectos y se acoplan a las características culturales de la nación. Ahora que ganó el "no", sus capitales pueden descansar plácidamente, se fue el flagelo de la expropiación. ¿Será que regresan a Venezuela y le dan la pelea a Chávez en la palestra política? ¿O simplemente se quedarán en Panamá, porque aquí hay más seguridad financiera y no está Chávez mirando sus utilidades? Lo cierto es que este "no" da nuevas perspectivas políticas para Venezuela y toda la región que hoy se debate entre el neoliberalismo y modelos emergentes que nos lleven a mejores niveles de bienestar social, democracia y tolerancia. Panamá entra al año preelectoral y no hay ningún programa político que impulse el modelo del "socialismo del siglo XXI"; tampoco hay propuestas para crear cambios en la Constitución, pero sí hay propuestas para elevar el bienestar social de las grandes mayorías del pueblo panameño, mejor y mayor distribución de las riquezas, más seguridad jurídica, financiera y política. Somos el país de mayor crecimiento económico en la región, crezcamos también socialmente, seguro que todos ganaremos. Aprendamos de lo negativo y positivo de otras propuestas regionales, solo así construiremos nuestra propuesta económica y política panameña. Allí está plasmada la nacionalidad y el verdadero poder democrático que tanto nos ha costado solidificar.
El autor es economista
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