CRECIMIENTO Y REALIDAD.
Bufones y reyes
Yohel Amat
Panamá está en un punto donde si se toman las decisiones adecuadas y en el momento justo, nadie nos detendrá hasta convertirnos en país del primer mundo. Sin embargo, a muchos nos aterra saber que esas decisiones las tomará la clase más desprestigiada –no la única– de este país: los políticos. Desde 2006, con la campaña mediática para aprobar la ampliación del Canal, el Gobierno ha gastado millones de dólares en publicidad para hacerle ver al pueblo el glorioso destino que nos espera: "mejor pa’ ti, mejor pa’ mí, mejor pa’ todos". ¿No les suena a "cero corrupción, más trabajo y más seguridad"? Es fácil atosigar al pueblo con cifras que indiquen crecimiento económico, pero qué difícil es que ese pueblo lo disfrute. No basta con crecer: hay que hacerlo bien.
Un desarrollo económico sin educación y sin justicia nunca beneficiará al grueso del pueblo. Ello es fácil de explicar: se entiende que el principal beneficio del desarrollo económico es el aumento de oferta de empleo local, pero si no estamos preparados, los puestos serán ocupados por extranjeros que sí disfrutaron de una educación adecuada.
No hay que explicar mucho sobre nuestro sistema educativo: anacrónico, desfasado y sin visos de cambiar. Secuestrado por un gremio conservador, con mucho poder de convocatoria y administrado por gobiernos ineficaces que despilfarran millones en sistemas e infraestructuras sin futuro. Por otra parte, un país sin justicia clara para todos nunca podrá disfrutar del progreso económico, porque lo que impera es el poder del que tiene más dinero. Viene el clásico dilema de que la cárcel está llena de ladrones de 20 dólares y en la calle están los que roban miles y millones. No tenemos que ir lejos para saber cuál es la apreciación local e internacional de nuestro sistema de justicia y al igual que en el educativo se esgrime el argumento de que el problema es de presupuesto, cuando en realidad también es de sistema que apesta y colapsa ante la mirada impávida de sus protagonistas. Si queremos disfrutar de "los ríos de leche y miel" que prometió el Gobierno, como consecuencia de la ampliación del Canal, más vale que empecemos a trabajar en estos dos aspectos del acontecer nacional, de otra forma esto no será más que otra charada donde el bufón de la corte, como siempre, será el pueblo.
El autor es analista programador
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