CARENCIAS DEL SISTEMA.
Condición crítica: ‘salud’
Julio A. Miranda S.
Cuatro de la mañana: todavía me faltaban dos pacientes por ver. Bajé al cuarto de urgencias y observé a una señora de 60 años que venía de Veraguas. Sobre una camilla dura y fría en una esquina, donde habían cuatro pacientes más, en tono débil me dijo que tenía sed y dolor en el pecho. La presión arterial por el piso y casi a punto de colapsar la llevé a otro cuarto donde luego de administrarle fluidos y colocarle un tubo para respirar nos dimos cuenta que tenía una infección grave y que moriría a falta de cama en la unidad de cuidados intensivos.
Ella era el cuarto paciente que resucitábamos esa primera noche de residencia, en la cual admitimos 17 pacientes entre otro interno y yo. Lo que no sabíamos, era que esto se repetiría al menos 200 veces más durante mis tres años de entrenamiento en el Hospital de la Caja de Seguro Social. Las 40 horas de trabajo sin dormir cada tres días fueron lo de menos, nos sentíamos doctores. Frustrante era, sin embargo, que teniendo a excelentes médicos no contásemos con las armas necesarias para proveer un mejor servicio (gasas, medicinas, laboratorios, equipos de imágenes, etc.) y que aparte de esto no se reconociera el trabajo de enseñanza de éstos (ad honórem).
Muchas vidas se siguen salvando en este nosocomio, pero también muchos pacientes siguen muriendo a falta de personal y equipo básico. Como miembro de la clase media baja de Panamá, también viví en carne propia cómo mi padre fue trasladado del interior en múltiples ocasiones por no contar con neurocirujanos, tomografías o medicamentos básicos para proveer la atención que supuestamente el Estado está obligado a dar. Este escenario no ha cambiado. Es por esto que esta lucha que, si bien es cierto, algunos medios enfocan como una de aumento salarial (que bien merecido está luego de 20 años de estudios), va mucho más allá.
Luego de siete años practicando medicina en hospitales de Estados Unidos y de varios años en medicina institucional y privada en Panamá, no me extraña lo que pasa actualmente. Trabajé en el Hospital Integrado San Miguel Arcángel cuando recién abrió. Desde el principio me llamó la atención la desorganización y la falta de profesionalismo en los servicios que allí se brindaban. El lema era: ofrécele al pueblo una atención mínima (engáñalos), págale poco a sus médicos (explótalos) y las ganancias dáselas a unos cuantos (explotadores). A estas "E" se les llamó eficiencia.
Este sistema de salud con graves carencias de infraestructura, personal y equipo, lo único que crea es la frustración de personal y pacientes; Pero más allá, crea "errores hospitalarios". El Instituto de Medicina estima que cada año mueren en Estados Unidos 100 mil personas a causa de errores que hubiesen podido ser prevenidos. Estos errores causan más muertes que el cáncer de mama, accidentes de tránsito y sida. Si esto ocurre en un sistema en el cual se regula y exige a cada miembro responsabilidad en sus acciones, imagínese cuántos panameños mueren debido a nuestro sistema.
A los que se preguntan a qué errores me refiero, estos se deben en su mayoría a errores del sistema: ausencia de personal, equipos, cuadrículas electrónicas, medicamentos y controles (dietilenglicol), y no a errores médicos (diagnosticar inadecuadamente enfermedades curables, dar terapia equivocada a pacientes sanos), aunque a veces ambos estén estrechamente ligados. La privatización no es la solución. La distribución de adecuados recursos al sector salud es lo primordial y esto incluye una justa remuneración a médicos y personal de instituciones públicas que en comparación a médicos de Latinoamérica (Honduras y Costa Rica) ganan un salario menor. No así nuestros diputados y ministros, los cuales ganan salarios comparables a los senadores de Estados Unidos.
Lo paradójico es que a pesar de que en Panamá se exporta una imagen de país desarrollado y turístico (incluso turismo médico), el pueblo y los médicos de las instituciones públicas no ven este crecimiento. Los pacientes siguen sufriendo de errores de un sistema ineficiente, los médicos siguen ganando mil 300 dólares y los gobiernos siguen dedicando una limosna al sistema de salud. ¿Cree usted que sin las actuales medidas de presión las cosas cambiarán? La respuesta es obvia.
Dediquemos menos recursos a anuncios de turismo en CNN, a propagandas de radio desprestigiando a los galenos y gastemos más en reunirnos con los médicos en lugar de estrellas de cine (Mel Gibson, Maná, etc.). Nuestro pueblo está afectado, no por una huelga que tiene uno o dos meses, sino por la irresponsabilidad de todos los gobiernos que han habido y que han dejado un sistema de salud en condición crítica.
Panamá y su gente se merecen más que edificios e inversiones extranjeras. Fijemos definitivamente una mayor partida para un mejor sistema de salud.
El autor es médico intensivista y neumólogo
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