IDEARIO DEMÓCRATA.
Los derechos de cada persona
Agustín Castro
Con la solidez intelectual y el coraje moral que son propios de sus planteamientos, el papa Benedicto XVI realizó un oportuno llamado por la defensa de los derechos fundamentales de los individuos durante la audiencia que brindó en su residencia veraniega de Castelgandolfo a los participantes en la Conferencia del Comité Ejecutivo de la Internacional Demócrata de Centro realizada recientemente en Roma.
Tras recalcar que quienes suscribimos el ideario demócrata de centro, de respeto a la dignidad, la libertad y los derechos fundamentales de todas las personas, así como de defensa del Estado de derecho, defendemos principios esenciales para la humanidad, su santidad señaló que "cuando los derechos humanos son violados, la dignidad de la persona humana sufre; cuando la justicia se ve comprometida, la misma paz está en riesgo. Por otra parte, la justicia es verdaderamente humana solo si la visión ética y moral en que se basa está centrada en la persona humana y su inalienable dignidad".
El planteamiento papal nos recuerda la estrecha interrelación que existe entre el respeto a los derechos fundamentales de las personas y la autoridad moral del Estado, y de la sociedad como un todo, en su lucha contra la criminalidad de cualquier índole.
Ya que, tal y como lo expresó Benedicto XVI, cuando se trata de formas extremas de violencia: "¿cómo podríamos clamar proteger la democracia si nosotros mismos amenazamos su base misma? En consecuencia, es necesario tanto mantener una cuidadosa vigilancia para garantizar la seguridad de la sociedad civil y los ciudadanos, como salvaguardar los derechos inalienables de todos ellos".
Justamente un llamamiento papal muy oportuno para velar siempre por los derechos humanos. Esta es una lucha permanente, de constante vigilancia, siempre y en todo lugar. Hemos visto como hay países que ante el acoso del terrorismo o la violencia sienten la tentación de dejar de lado esos principios. E incluso en democracias sólidas se da la tentación de no respetarlos siempre, o de no aplicarlos en algún caso concreto, especialmente cuando hay razones o pasiones políticas de por medio.
De hecho, la Conferencia del Comité Ejecutivo de la Internacional Demócrata de Centro emitió en su reunión de Roma un comunicado de apoyo al ex presidente de Costa Rica y ex secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, ante la preocupación por el irrespeto a derechos fundamentales ocurridos en su caso. Más de tres años después de haber regresado voluntariamente a su país para hacer frente a acusaciones que le hacían, Rodríguez sigue aún esperando que su caso sea visto en los tribunales para poder ejercer su defensa. Esto viola el principio de justicia pronta y cumplida, pero los problemas han ido mucho más allá, al punto que incluso la Sala Constitucional costarricense declaró con lugar un recurso en su favor por violaciones a los derechos humanos que se cometieron a su regreso a ese país.
Por ello, la Presidencia de la IDC en su totalidad, los jefes de estado y de gobiernos presentes en la reunión y todos los líderes políticos de la organización, expresaron su apoyo a Miguel Ángel Rodríguez y a su pedido para recibir "un juicio justo con todas las garantías constitucionales y democráticas".
Su caso, aparte de recordarnos cómo "en todas partes se cuecen habas", nos hace presente que nunca debe cejarse en la lucha por el respeto irrestricto al Estado de Derecho. Pues como también señalara el Papa, una sociedad no puede actuar de cualquier manera so pena de deslegitimarse a sí misma, sino que para que su actuación sea legítima y beneficiosa debe hacerlo dentro del más estricto respeto a los derechos humanos y a las normas del debido proceso, porque estas son un reflejo de los derechos de cada persona.
Firmas Press. El autor es master en comercio internacional y periodista costarricense
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