ACEPTAR LA ENFERMEDAD.
Corrupción judicial: una oportunidad histórica
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Hace un montón de años estando yo de visita en la Presidencia de la República me encontré con un magistrado de la Corte Suprema recién electo a la Presidencia de la Corte, entablamos una conversación y me preguntó: "¿siendo usted un gran conocedor de la comunicación social, si usted estuviera en mi posición, cómo haría para cambiar la horrible percepción que existe sobre las instituciones de justicia?". Le contesté con otra pregunta: "Magistrado, ¿conoce usted el comprobadísimo sistema que usa la organización Alcohólicos Anónimos para ayudar a los enfermos de alcoholismo?"... para iniciar su sanación es imprescindible que el enfermo acepte primero su enfermedad; si se logra que el enfermo acepte decir ante el grupo: "mi nombre es fulano de tal y soy alcohólico", con esa declaración –y no antes– se inicia su camino de reformar su conducta.
Si yo estuviera en su puesto y tuviera un serio compromiso con sanear la justicia panameña, mi primer acto como presidente de la Corte sería una declaración más o menos así: "la justicia panameña adolece de una grave enfermedad terminal llamada corrupción. Durante mi presidencia me propongo iniciar su sanación para bien de la sociedad democrática… etc.".
Continué diciéndole que esa sola declaración le daría a él la credibilidad pública para que el país entero atendiera su programa de reformas … y entonces podría poner en ejecución reformas reales con el apoyo de la sociedad. Agregué que si no se iba por esa ruta todo lo que dijera caería en oídos sordos y toda la cínica publicidad lo que haría sería empeorar su imagen. Toda publicidad –para ser efectiva– tiene que partir con vender un producto que sea genuino.
Una justicia corrupta no deja de serlo con gastar cientos de miles de balboas vendiendo la increíblemente ridícula idea de que "seamos justos con la justicia corrupta" (el presidente de la Corte me había pedido mi opinión, pero luego de dársela más nunca me habló del tema, y pasó a la historia con pena y sin gloria.
Repito esta historia ahora porque Harley Mitchell está por encargarse de la Presidencia de la Corte. Hasta donde sé, tiene un historial respetable y tiene deseos de lograr un cambio. Si él acepta la enfermedad y reconoce públicamente lo que hoy dicen las entidades internacionales, y no se suma a los que se quejan de que otros digan las verdades que todos conocemos, arrancará con buen pie. Y si el Presidente de la República nombra dos magistrados íntegros de verdad y no a dos amigotes leales, iremos por mejor camino.
En su artículo del domingo 9 de diciembre, Betty Brannan Jaén escribe que la Fundación Para el Debido Proceso de Washington, D.C. indica en su informe sobre Panamá que en la justicia panameña se dan "ventas de fallos en borrador", y de "abogados que redactan fallos", más un largo "etc.". Ahora mismo hay en los medios acusaciones específicas sobre esto… y si las cosas siguen igual "no pasará nada" –a pesar de que el país entero sabe que es así y todos los abogados en ejercicio (¡vergüenza!) se comentan entre sí esta terrible compra y venta de fallos; ellos mismos comparan a la Corte con un mercado persa.
Aceptación de la enfermedad y acción contundente es lo que se requiere del nuevo Presidente de la Corte. Como ciudadano insto al señor Presidente de la Corte y al Presidente de la República, a que eliminen la asfixiante e inútil propaganda que ya hastía, y aprovechen la oportunidad que les presenta la historia, de iniciar el verdadero cambio.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
|