DELINCUENCIA.
Veracruz, la tierra sin orden, ni ley
Camilo Francisco Porras
Tengo más de 18 años de residir en Veracruz, que era un lugar tranquilo, seguro y respetado, pero ahora el poblado ha experimentado un cambio total. Los fines de semana –este corregimiento, del distrito de Arraiján– se llena de cientos de visitantes que van a bañarse en sus playas, el problema es que casi siempre esos viajes se alargan más allá de las 7:00 p.m., lo que convierte la zona en un verdadero infierno. Es por eso que las autoridades refuerzan la vigilancia los fines de semana, pero el resto del tiempo solo destinan a un par de oficiales para que hagan rondas.
Ante esta realidad –de falta de vigilancia– son pocos los moradores que pueden conciliar el sueño. Algunos lo logran bajo medicamentos, pero eso no es recomendable porque los ladrones aprovecharían para llevarse hasta las camas.
Cada madrugada en Veracruz parece la víspera de Navidad, por la cantidad de detonaciones que se escuchan y no exactamente de las "bombitas", sino producto de las balaceras. A falta de vigilancia, a esas horas pululan los vehículos 4x4, cuyos ocupantes recolectan "bultos" a la orilla de la playa. Esa es una situación tan cotidiana que hasta los delincuentes saben de antemano cuándo habrá operativos. En esos días pareciera que no pasa nada irregular, pero lo cierto es que algunos vecinos, de forma inescrupulosa, esconden a los mafiosos, con todo y los 4x4 que valen más que la mayoría de las casas del lugar, en los estacionamientos hasta esperar, como ellos dicen, a "que se calme la marea".
Los residentes también tenemos que lidiar con los pandilleros juveniles que suelen obstaculizar las vías y solo nos dejan pasar si les pagamos. Pero para qué denunciarlos si esos menores, tras ser arrestados, quedan libres en un par de meses –si es que no se fugan antes– e, increíblemente, en menos de dos días consiguen otras armas de fuego y bastantes balas. Se rumora que supuestamente las adquieren en un polígono de tiro de la localidad.
Una vez rearmados, lo primero que hacen es balear la residencia en donde ellos suponen que viven los denunciantes, eso como una primera advertencia, pero en caso de volver a caer en manos de las autoridades, los tiros impactarán directamente a un miembro de la familia sospechosa.
Aquí no se producen tiroteos entre bandas rivales, porque la que opera en el corregimiento controla toda la zona y suple a las otras pandillas del país con armas, municiones, drogas y miles de artículos más, desde televisores hasta piezas de autos por pedido.
Ante esta cruda situación ¿qué podemos hacer los residentes honestos y trabajadores de Veracruz?, si ni siquiera podemos soñar con establecer un sistema de "Vecinos Vigilantes", porque enseguida nos convertiríamos en "muertos andantes". Solo nos resta pedir a las autoridades que nos ayuden, para dejar de vivir en este infierno y poder disfrutar de las playas sin temor a perder la vida.
El autor es contratista
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