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Panamá, domingo 9 de diciembre de 2007
 

KOSOVO.

Peligrosos asuntos inconclusos

Durante la década de 1990 los Balcanes fueron escenario de las guerras más letales de Europa y las peores atrocidades desde la II Guerra Mundial. En fechas más recientes, la región ha estado en relativa paz, pero muchos de sus problemas se mantienen. Ahora uno de los más peligrosos se está acercando, con un plazo de las Naciones Unidas, que vence este lunes, para resolver el estatus político de Kosovo.

Una equivocación con respecto a Kosovo podría sumir nuevamente a los Balcanes en una conmoción. Con el fin de evitarlo, Serbia y Rusia tendrán que decidir rápidamente que tienen más que ganar a partir de la estabilidad, así como de las buenas relaciones con Europa y Estados Unidos que de avivar viejos odios.

Kosovo ha estado bajo una administración internacional desde 1999, cuando la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) fue a la guerra para revertir la brutal campaña de Slobodan Milosevic, enfocada a expulsar a la mayoría albanesa de Kosovo. Si bien Kosovo formalmente sigue siendo una provincia de Serbia, no puede haber duda con respecto a su regreso al control de Belgrado.

Previamente en este año, mediadores internacionales lograron alcanzar un arreglo razonable que reconoce tanto el deseo de los albano kosovares por la independencia como el legítimo temor de la minoría serbia a ser perseguida. La comunidad internacional continuará supervisando a un Kosovo independiente, garantizando que la minoría serbia sea protegida y se le garantice una autonomía sustancial.

Los líderes de los albaneses en Kosovo están preparados para aceptar ese trato. Para mala fortuna, no así el Gobierno serbio y sus patronos en Moscú.

La posición de Rusia es de cinismo. No tiene poder para recuperar Kosovo de Serbia, en tanto el Kremlin juega sus propios juegos de secesión en Georgia y Moldavia. El presidente Vladimir Putin sencillamente ha estado usando a Kosovo como una útil vara con la cual acicatear a Occidente y recordarle al mundo que Rusia sigue ostentando poder de veto en el Consejo de Seguridad.

Las esperanzas de Serbia para un futuro más brillante dependen de que le dé la espalda al pesadillesco legado de Milosevic, aunado a que enmiende las relaciones con la Unión Europea y la OTAN. Sin embargo, resulta difícil vender esta idea en la política serbia, en tanto ningún gobierno correrá el riesgo mientras Rusia esté alimentando ilusiones de un nacionalismo nostálgico.

Si Moscú realmente cumple sus amenazas de vetar el acuerdo, los líderes de Kosovo casi seguramente declararían la independencia. La mayoría de los gobiernos occidentales asegura que no reconocerían el nuevo (y militarmente vulnerable) Kosovo. Claramente, esto no sería una situación feliz. Sin embargo, tampoco lo sería la alternativa: dejar a las fuerzas de pacificación de Occidente sentadas en el polvorín de una enojada y frustrada mayoría albanesa.

El mejor enfoque, para todos los involucrados, sería una independencia bajo la supervisión internacional, reconocida por las Naciones Unidas. Aún no es demasiado tarde para que Moscú desempeñe una participación más constructiva, y para que traiga consigo a Serbia para dicho esfuerzo.

Editorial de The New York Times
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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