BUSCADOR
  Portada | Clasificados | Foros | Ediciones anteriores | Archivo | Suscripciones | Portadas PDF | Titulares por e-mail | Contáctenos
Panamá, sábado 8 de diciembre de 2007
 

BIODIVERSIDAD. turismo sostenible.

Desiertos vivos

La Reserva Nacional de Paracas, única área marina protegida del Perú, recibe la visita de especies provenientes del Golfo de Panamá. La conectividad es debido a la corriente de Humboldt, una suerte de río submarino de aguas frías que fluye desde Chile a Centroamérica.

CORTESÍA/Alejandro Balaguer
952511
Alejandro Balaguer
Especial para La Prensa
vivir+@prensa.com

Una ensenada turquesa de aguas bajas divide en dos la soledad del desierto de Paracas. En el árido paraje, conocido como El Sequión, un grupo de rosados flamencos busca sustento en las aguas ricas en algas, pequeños peces, moluscos y otros invertebrados que dan un toque de color a esta salvaje costa flanqueada por la inmensidad ocre de las dunas modeladas por el viento.

El ambiente se agita repentinamente en la Reserva Nacional de Paracas, única área marina protegida del Perú. Ruidosos rayadores vuelan en bandada y toman rumbo hacia el sur, impulsados por la fuerza eólica que los unifica en una danza coordinada y armónica hacia las vecinas playas de Atenas, ubicada en el corazón mismo de la agreste península de Paracas.

Vista desde el aire, la península de Paracas, corazón de una reserva marina con más de 350 mil hectáreas, se asemeja a un martillo continental donde choca el océano con poderío notorio. Aquí es donde la corriente fría peruana, o corriente de Humboldt, deja sentir su verdadera frialdad. Es como un turbulento río submarino que discurre de sur a norte, desde Chile austral hacia las lejanas islas Galápagos y luego hacia Panamá. Sus masas de aguas frías traen el mensaje de los lejanos hielos antárticos, que propician una riquísima y muy variada biodiversidad marina.

CORTESÍA/Alejandro Balaguer

El fenómeno no es casual. La corriente hace surgir hacia la superficie comida, nutrientes que alimentan al plancton, primer eslabón de una extensa cadena alimenticia que induce al milagro y la multiplicación de la vida.

Aprovechando la bajamar, cientos de diminutos chorlitos y playeros se reabastecen con los ricos microorganismos de la bahía de Paracas. Recargan baterías luego de recorrer 16 mil kilómetros desde México, el Golfo de Panamá y el Ártico, con rumbo a la Tierra del Fuego; para luego retornar a su punto de partida, en una migración heroica y sacrificada. Vuelan incansablemente a una velocidad promedio de 80 kilómetros por hora, en increíbles distancias de hasta 5 mil kilómetros, sin escalas.

Pero, para ello, requieren de estaciones de tránsito, como Paracas, donde acumulan todas las energías asimilables por sus pequeños organismos. Se mantienen estacionarias durante el tiempo suficiente para doblar su peso y poder continuar sus agotadoras jornadas intercontinentales de hasta tres o cuatro días, sin pausas.

En el horizonte, mar y cielo se funden en un mismo tono de color azulino, miles de aves guaneras -piqueros, guanayes y pelícanos- se lanzan como flechas sobre un cardumen de plateadas anchovetas cerca de las Ballestas, un conjunto de islas guaneras, agrestes y enigmáticas.

CORTESÍA/Alejandro Balaguer

Durante miles de años, los habitantes del Perú conocieron el valor del guano como fertilizante. Antes de los Incas ya se extraía el guano de las islas para utilizarlo como abono de cultivos. Su importancia la confirma el cronista de las Indias, José de Acosta: "En algunas islas o farellones que están junto a la costa del Perú, se ven de lejos unos cerros todos blancos; dirá quien les viere que son de nieve, o que toda es tierra blanca, y son montones de estiércol de pájaros marinos que van allí continuo a estercolar".

El guano se acumulaba en esas cantidades increíbles en aquellas épocas, dice el investigador Ricardo Wiesse. Y agrega que durante la estación de cría estaba absolutamente prohibido, bajo pena de muerte, acercarse a las islas, pues la presencia humana podía ahuyentar a las aves; matar un ave guanera en época de los Incas constituía un grave delito que era pagado con la vida.

CORTESÍA/Alejandro Balaguer

Cubiertas por un manto de guano y de misticismo, las islas también eran territorio de los muertos, donde se ofrecían sacrificios a la diosa Luna y las almas eran llevadas por los lobos marinos cayendo la tarde.

Hoy las islas Ballestas de Paracas reciben diariamente a cientos de turistas que arriban en lanchas para observar mamíferos acuáticos y poblaciones de aves generando un negocio sostenible.

DATOS CLAVE

ISLAS BALLESTAS - Hacen de reducto de colonias de lobos finos y lobos chuscos. Junto a las loberías, pingüinos de Hum- boldt viven y nidifican en cue- vas al borde de los acantilados.

ESPECIES - El pingüino de Humboldt, en peligro de extinción, propio de Perú y Chile, y el de las islas Galápagos son las únicas dos especies que viven lejos de los eternos hielos polares.

© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al Cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá