sociedad. El camino hacia los desaparecidos.
Abuelas se aferran a la vida
Miles de mujeres buscan hoy día a los descendientes de sus hijos, desaparecidos durante la dictadura.
Adopciones ilegales y ocultamientos de la identidad fueron la característica de la guerra sucia en Argentina.
| AP/Walter Astrada |
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| PERSEVERANCIA. Las madres y abuelas de la Plaza de Mayo intentan, desde los setenta, encontrar a los hijos y nietos desaparecidos.953017 |
Ana Teresa Benjamín
abenjami@prensa.com
La página web de la Asociación de Abuelas de Plaza de Mayo es un libro abierto a la incertidumbre y al dolor. También es una invitación para la esperanza.
Porque si se cliquea en un enlace que dice "Desaparecidos", aparecen fotos de jóvenes de los que ya no hubo rastro cuando los militares argentinos realizaron el golpe del 24 de marzo de 1976 y comenzaron el llamado "Proceso de reorganización nacional", pero también hay enlaces que conducen hacia finales más felices.
En Argentina, desde 1976 hasta 1983, mandó un gobierno dictatorial. Miles de personas fueron asesinadas o desaparecieron y muchas de ellas eran mujeres embarazadas o con niños pequeños. A ese período en los que ocurrieron partos clandestinos y adopciones ilegales se le conoce como la guerra sucia.
Este año, la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo cumple ya 30 años en los que no han hecho otra cosa que intentar encontrar a los hijos de sus hijos. Porque, como se lee en el sitio, "30 mil personas fueron privadas de su libertad y torturadas, entre ellas a criaturas secuestradas con sus padres o nacidas en los centros clandestinos de detención" tales como Campo de Mayo o Pozo de Banfield, por mencionar solo dos. Cálculos más conservadores dicen que fueron 9 mil los desaparecidos.
Lo que se sabe ahora es que los hijos de los desaparecidos fueron tomados como botín de guerra e inscritos como hijos de los propios represores o dados en adopción mediante procedimientos ilegales. Otros eran dejados en cualquier lugar, vendidos o abandonados en institutos como seres sin nombre.
Desde 1977, las abuelas se propusieron encontrar a sus descendientes y hasta noviembre de este año ya han aparecido 88 de los 500 niños que, según los cálculos, desaparecieron.
Uno de los "restituidos" es Rodolfo. Su caso es especialmente emblemático porque resultó ser el nieto de Rosa Tarlovsky de Roisinblit, una de las abuelas más activas de la organización.
En 1976 su hija estaba embarazada y 10 días después de su secuestro recibió una llamada en la que le aseguraban que quedaría libre pronto. "Preparé la ropita. Pasó la fecha de parto y no trajeron al bebé; pasaron seis meses y perdí las esperanzas", ha contado Tarlovsky después, cuando se le pregunta por su caso.
En el proceso, sin embargo, también ha habido casos dolorosos, como el de los mellizos Gonzalo y Matías Reggiardo Tolosa.
Criados como hijos de un torturador, Samuel Miara, se enteraron de la verdad cuando tenían 12 años. Su caso se ventiló públicamente y no fue hasta ya terminando la adolescencia cuando la justicia quiso devolverlos a su familia biológica. Los mellizos se negaron.
Aunque las abuelas insisten, el trabajo no ha sido fácil porque en Argentina se sancionaron leyes y se concedieron indultos que impiden juzgar a los responsables de las desapariciones y del robo de la identidad de los niños.
Ganador del Cervantes, un abuelo incansable
Juan Gelman, el poeta argentino que acaba de ganar el Premio Cervantes 2007 (el más importante de la lengua castellana), tuvo que esperar varias décadas para poder conocer a ese nieto o nieta que solo conocía en su corazón y a quien en 1995 le había escrito una carta: "Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo".
En agosto de 1976 fueron secuestrados sus hijos Nora Eva (19) y Marcelo Ariel (20), junto a su nuera María Iruretagoyena (19). María tenía siete meses de embarazo y Gelman pudo averiguar, a través de sus incansables pesquisas, que María había dado a luz en Uruguay, en el Hospital Militar de Montevideo. De ella no supo más; tampoco de su hijo.
No fue sino hasta el año 2000 que pudo encontrar a su nieta, cuyo nombre prefirió no revelar para protegerla. "Vive con su familia que la quiere y a la cual quiere", fue todo lo que dijo. Gelman recibirá los 118 mil dólares del premio, el próximo 23 de abril.
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