CALIDAD DE VIDA.
Amor para las personas de la tercera edad
Ameth Cerceño Burbano
Hoy cuando se celebra el Día de las Madres y cuando muchos se reunirán con la persona que los trajo al mundo, vale la pena hacer una reflexión sobre el trato a las personas de la tercera edad. Los adultos mayores, personas de la tercera edad o ancianos son seres que en un momento dado fueron padres y madres, que criaron a sus hijos con amor y dedicación, con desinterés buscando lo mejor y sacrificándose para que no les faltara nada.
La vida tiene un ciclo, nuestro queridísimo papa Juan Pablo II lo explicaba en su Carta a los Ancianos "Por tanto, así como la infancia y la juventud son el periodo en el cual el ser humano está en formación, vive proyectado hacia el futuro y, tomando conciencia de sus capacidades, hilvana proyectos para la edad adulta, también la vejez tiene sus ventajas porque —como observa San Jerónimo—, atenuando el ímpetu de las pasiones, acrecienta la sabiduría, da consejos más maduros. En cierto sentido, es la época privilegiada de aquella sabiduría que generalmente es fruto de la experiencia, porque el tiempo es un gran maestro. Es bien conocida la oración del salmista: Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato".
Más adelante expresaba "Setenta eran muchos años en el tiempo en que el salmista escribía estas palabras, y eran pocos los que los superaban; hoy, gracias a los progresos de la medicina y a la mejora de las condiciones sociales y económicas, en muchas regiones del mundo la vida se ha alargado notablemente". Esa realidad nos da la dicha de compartir con nuestros abuelos, seres que nos consienten más que nuestros propios padres. ¡Qué alegres se ponen los abuelos y abuelas cuando sus hijos se convierten en padres y madres! Los que hemos tenido la dicha de compartir con ellos, es interesante escucharles cuando nos cuentan cómo era su niñez y juventud, cómo eran sus padres y cómo se portaban los nuestros cuando eran niños, es transportarse en el tiempo y sentirse en aquella época. No saben lo satisfecho que se sienten ellos cuando les prestamos atención. Que interesante es escucharlos cuando se reúnen en familia y cuentan aquellos momentos extraordinarios de su vida, anécdotas de paseos, fiestas, reuniones familiares, un tiempo que transcurrió, pero que el recuerdo mantiene vivo como si fuera ayer.
Es vergonzoso cuando a diario se ve el abandono y el maltrato a los que son objeto por parte de sus seres queridos, que triste es cuando algunos se expresan que son personas de poca importancia, que representan una carga porque les generan gastos y cansancio el atenderles.
Pero las personas mayores tienen derechos, como toda persona, derecho a la seguridad, derecho a una atención médica, derecho a la no discriminación, derecho a un nivel de vida adecuado, derecho a la participación, entre otros. Cada vez que son maltratados, el daño que se les hace es peor que una enfermedad, ellos sufren en silencio la indiferencia de sus seres queridos, siendo la tristeza de estar solos y el abandono su peor enfermedad. Que ignorantes somos al despreciarlos y no prestarles atención.
Los ancianos (as) o personas mayores necesitan sentir el cariño y la ternura de sus seres queridos siendo la mejor medicina, porque los mantiene vivo y que son importantes. Es una realidad que cuando una persona está dentro de la categoría de adulto mayor o está próximo a llegar a esa edad se les niega la oportunidad de trabajar, se les margina, pero que ignorantes somos cuando ellos nos "ayudan a ver los acontecimientos terrenos con más sabiduría, porque las vicisitudes de la vida los han hecho expertos y maduros. Ellos son depositarios de la memoria colectiva y, por eso, intérpretes privilegiados del conjunto de ideales y valores comunes que rigen y guían la convivencia social. Excluirlos es como rechazar el pasado, en el cual hunde sus raíces el presente, en nombre de una modernidad sin memoria.
Los ancianos, gracias a su madura experiencia, están en condiciones de ofrecer a los jóvenes consejos y enseñanzas preciosas". (Juan Pablo II). Hazlos felices y nos los abandones porque Dios te lo recompensara. ¡Feliz Día de la Madres!
El autor es abogado
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