PROPUESTAS A SEGUIR.
Visión y salud
Eduardo A. Reyes Vargas
Hace 40 años, un ministro visionario y conocedor a cabalidad de la salud pública emprendió una renovación en el modelo de atención. Su ya comprobado compromiso y liderazgo le permitió fortalecer significativamente políticas de promoción a la salud y la prevención de enfermedades.
Hizo posible también, a través de decretos y leyes, la participación de la sociedad en la organización y desarrollo de planes para el cuidado de la salud, a través de los comités, cuyo protagonismo fue importante pero se diluyó en el tiempo. Se identificó con un trabajo tendiente a combatir factores condicionantes de las enfermedades prevalentes, con especial dedicación a modificar estilos de vidas perjudiciales.
Gracias a él se construyeron acueductos rurales para poblaciones en donde morían nuestros niños por enfermedades de origen hídrico, se educó a la comunidad en hábitos sanos de nutrición, seguridad alimentaria y vacunación, se incremento la red de servicios de salud, según los niveles de complejidad de la atención, lo que ayudó a mejorar los indicadores nacionales.
Advirtió a tiempo los riesgos y consecuencias de no profundizar estas políticas, pero no fue comprendido. Las críticas subjetivas y llenas de estigmas debilitaron esas políticas hasta llegar a modelos que atienden mayormente la curación y rehabilitación de la enfermedad.
Como consecuencia, hay un incremento de enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer, hipertensión, obesidad y otras mayormente prevenibles y que saturan la atención en las distintas unidades ejecutoras con demandas que superan la oferta de hospitalaria. Amén de otras ocasionadas por la pobreza.
Este escenario obliga a las instituciones de salud, gobierno en general, incluyendo el Órgano Legislativo y el resto de la sociedad a retomar esa bandera que enarboló ese colega y adecuar pronto nuestro sistema de atención con el mejoramiento de estructuras, recursos humanos, medicamentos, etc., para enfrentar esa oleada de patologías que no supimos prevenir y que hoy son prevalentes en nuestro país. Se necesitan leyes con mayor rigor que combatan estilos de vida dañinos y escenarios que acrecentan riesgos de enfermedades.
Empecemos por formular leyes que abaraten el costo del pescado, los vegetales, las frutas, mejoremos las instalaciones para practicar ejercicio y evitemos incentivar la apertura de cantinas, que fomentan el consumo de alcohol y tabaco. La retórica y el discurso esperanzador electoral, deben dar paso a las acciones urgentes que esto exige. De lo contrario la esperanza de vida del panameño en relación a otros países disminuirá y las discapacidades en general aumentarán, con los costos tangibles e intangibles para nuestra sociedad.
Sobre el cáncer, en ascenso en nuestro país, se impone desde ya planificar un nuevo hospital oncológico que sirva para la atención, tratamiento oportuno y cura de esa enfermedad... tenemos que atenderlo mientras se fortalece ese modelo preventivo y promocional.
Para finalizar, desde esta reflexión, nuestro reconocimiento al doctor José Renán Esquivel –un hombre con fortalezas y debilidades como yo, un verdadero hermano del prójimo– por las luces largas que nos otorgó, pero que no supimos entender.
El autor es médico
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