Constantemente esta columna es dedicada a recordarles a presidentes, ministros y autoridades en general, cuáles son sus responsabilidades, pues como medio de comunicación nos corresponde servir de caja de resonancia para la ciudadanía. Sin embargo, hoy debemos honrar a esos seres humanos que tienen la responsabilidad más sublime en la sociedad.
Esa persona que significa todo; que es principio y final; ternura y rigidez; sacrificio y abnegación; que reprende y consuela a la vez, y que representa –a lo largo de nuestras vidas– esa luz que guía nuestro caminar. Y como si la tarea de este ser fuera de por sí fácil, resulta común que se enfrente a innumerables obstáculos, algunos de ellos tan graves como el maltrato o abandono por parte de sus propios hijos y esposos; y aún así encuentra la fortaleza para buscar un mejor futuro para su familia.
A todas aquellas mujeres que son madres, ya sea porque han traído hijos a este mundo o porque los han criado, les rendimos homenaje en este, su día. Gracias por la vida.
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