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Panamá, miércoles 5 de diciembre de 2007
 

TEMOR A LA RECESIÓN.

El origen de un dilema económico

Gustavo A. Valderrama R.

La economía mundial sigue con pronóstico reservado, pero ¿por qué algunos hablan de recesión, otros de desaceleración y otros cuantos solo de correcciones? Para iniciar, aclaremos que la diferencia de los términos, sin entrar en detalle técnico, se debe a la profundidad en tiempo de recuperación y cuantía de las pérdidas. Ya de por sí los mayores bancos de inversión y otras tantas instituciones financieras de corte tradicional han declarado previsiones por posibles pérdidas en más de 40 mil millones de dólares, y hablamos de Bear Stearn, Citigroup, JP Morgan, Deutsche Bank, BNP Paribas y otros tantos que decidieron invertir en valores relacionados con hipotecas subprime. Para agravar la situación, los precios en el ámbito mundial están en aumento, dejando muy poco margen para que las tasas de interés puedan ser una herramienta de fácil alcance; la pregunta es: ¿Cómo llegamos a esto? A continuación, paso a realizar un análisis positivo muy resumido (por motivos de espacio), de lo que desde mi punto de vista ha ocasionado este complejo panorama.

El 20 de marzo de 2003 Estados Unidos decide invadir Irak, para ese momento venían en franca recuperación de la crisis del año 2001; el precio del petróleo rondaba los 24 dólares, las tasas de fondos federales, el 1% y un superávit fiscal dejado por el presidente Clinton cercano a 500 mil millones de dólares. Para dinamizar la economía, el nuevo presidente Bush decidió reducir los impuestos sin alterar el gasto público, lo que generó un gran dinamismo en el consumo de las familias (Estados Unidos representa el 20% del consumo mundial).

Con la guerra se produjeron dos acontecimientos simultáneos: se elevaron las expectativas por el petróleo y se produjo el gasto más elevado del Gobierno americano. Consecuentemente, el inicio de la guerra ocasionó un desajuste en el suministro del crudo elevando sus precios. Pero la guerra rápidamente pasa a segundo plano, no así las expectativas y la demanda por el petróleo, provocada en esencia por una política fiscal expansionista (es decir, mantuvo el gasto fiscal elevado).

Los precios alcanzados por el petróleo lograron máximos históricos y generaron ganancias récord para las petroleras y los países exportadores; esto generó la reaparición de los petrodólares, produciendo una gran liquidez a los bancos. Ahora bien, para los bancos, tener exceso de liquidez puede llegar a ser tan peligroso como no tenerlo debido a que el dinero necesita circular para que sea rentable, de ahí que poco a poco los bancos decidan elevar el riesgo de las inversiones, iniciando muchos la compra de activos financieros que respaldaban las hipotecas de alto riesgo y las llamadas compras apalancadas.

En simultáneo, se da una expansión en el campo de investigación y desarrollo del biocombustible producto de los constantes aumentos del petróleo y la gran necesidad de energía que requiere el desarrollo tecnológico, generando el aumento de la demanda por granos utilizables para este fin, como es el caso del maíz.

Con el transcurrir del tiempo la demanda por el maíz atrajo el interés de productores de otros cultivos (soya, cereales) desplazando la siembra de granos, creando una escasez relativa y a la vez elevando sus precios. Los granos tienen la particularidad de ser utilizados para muchos fines: alimento humano, de animales y como materia prima para productos elaborados, incidiendo en la demanda y oferta de una serie de productos que se abastecen de éstos.

Ahora bien, la razón del dilema estadounidense es que al enfrentar procesos inflacionarios la Reserva Federal (FED, por sus siglas en inglés) reacciona elevando las tasas de fondos federales (tasas a muy corto plazo) para incidir en la demanda y, con esto, la presión sobre los precios. Ahora la FED ha decidido bajar las tasas para ayudar al mercado financiero, pero es probable que esté dejando de lado la enorme liquidez del sistema (al parecer prevalece el temor a la recesión). Hoy, con datos tales como: la tasa de desempleo en 4.6%, las tasas de los fondos federales en 4.5% (con probabilidades de seguir bajando) y una demanda de consumo que aún no cede, nos refleja que la estructura coyuntural de la economía estadounidense no es sostenible por mucho tiempo. Lo que indica altas probabilidades de que próximamente tanto las políticas monetarias como fiscales deban ser modificadas, afectando la demanda de consumo, el empleo y paulatinamente reduciendo la demanda global y los precios comenzarían a caer. Estados Unidos está en un dilema. El temor es que la tormenta sea más fuerte y dure más de lo esperado.

El autor es economista
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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