PROPUESTAS.
Construyendo un nuevo país
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Vivimos en un nuevo Panamá–económico, pero es uno que convive con un viejo Panamá–social preñado de injusticias y exclusiones harto peligrosas.
Está comprobado ya de sobra que es necesario el crecimiento económico para alcanzar el desarrollo, pero está igualmente comprobado que el mercado solo no resuelve injusticias. Hace falta la intervención del Estado para empujar la inclusión… y también hace falta el liderazgo de la sociedad militante para empujar al Gobierno hacia la justicia económica y social.
Este liderazgo de la sociedad debe contar con el activo liderazgo del sector económico naturalmente más favorecido por el crecimiento económico. Dicho en otras palabras: se requiere del liderazgo social de exitosos empresarios con sentido social de patria.
No aspiro a empresarios con corazones sociales blandos, pues en su mayoría pocos son exitosos; esa no es la función del empresario. Aspiro a que exista un buen grupo de empresarios que por razones egoístas de competitividad económica vean como imperativo aumentar su mercado (convirtiendo a los pobres excluidos en incluidos consumidores) procurando la mayor estabilidad del mercado dentro del cual se agitan, ayudando a lograr un "país diamante" (la punta superior y la inferior con pocos pobres y pocos ricos, y en el medio una enorme y vibrante clase media).
En los últimos años –y debido a ventas y fusiones de grandes empresas panameñas– se han formado unas fortunas líquidas jamás antes vistas en nuestro país. Solo la operación Banco del Istmo–HSBC produjo 300 millonarios panameños con una decena de grupos convertidos en mega–millonarios.
Es lógico suponer que muchos de los favorecidos están haciendo las tradicionales donaciones asistencialistas que son importantes. Otros en sus empresas están sumados a proyectos de "responsabilidad social empresarial", importante proyecto que subscribo desde hace décadas. Todo esto es importante, pero no es suficiente para realmente impactar la peligrosa exclusión del 40% de nuestra población.
Creo necesario que las personas favorecidas con estas mega operaciones de venta y fusiones, en su intimidad saquen cuentas de lo máximo que puedan necesitar para vivir cómodamente el resto de sus vidas sobre la tierra, y comprendan que más allá de esta cifra el dinero sobrante tiene para ellos "0" valor… sí… así como lo ven: "0" valor, y que por el otro lado ese dinero invertido en proyectos autosostenibles de impacto social puede cambiar nuestro país para que sus nietos y bisnietos reciban un país estable, un país "diamante".
Y ¿cómo se hace esto?... formando un grupo o fundación con donaciones anónimas (las donaciones con bombos y platillos son con intención publicitaria, con objetivo de producir utilidades o para alimentar egos) con un par de profesionales conocedores de los proyectos y de cómo medir objetivamente su impacto. Ahora contamos adicionalmente con un consenso nacional que describe proyectos específicos por provincia y comarca, con métodos de seguimiento y financiamiento del 35% de los aportes del Canal. Esto hace posible una acción conjunta público–privada con la energía, vigor y eficacia de una empresa privada con sentido de Patria.
Pienso en proyectos como las granjas sostenibles (hay 325 operando, pero el proyecto es para 3 mil y solo cuesta 10 mil dólares iniciar una granja que continúa en forma sostenible. Una escuela experimental en cada provincia (pública–privada) ofreciéndole total libertad a maestros–padres–estudiantes de organizar su currículo y operación.
Que se reúnan las nueve escuelas provinciales cada tres meses para comparar experimentos y resultados. Así, se le hace un by pass a la mole burocrática del Ministerio y quizás salga –por ejemplo real– lo que deben ser las escuelas públicas hacia el futuro.
Pienso en el adicionar fondos a Senacyt para lograr un incremento geométrico en maestrías y doctorados en las mejores universidades del mundo. Los escogidos por méritos educativos serían una representación geográfica y social de la República.
Así podríamos ir armando los 100 proyectos de Estado que cambiarían el país.
Ofrezco los salones de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana y la orientación de directivos nuestros, incluido el Dr. Stanley Muschett, quien fue el responsable de la concertación en provincias y comarcas, así que tiene frescas las necesidades y los liderazgos de cada comunidad. Hoy dirige el programa de responsabilidad social de una gran empresa.
Espero llamadas (que mantendré confidenciales) de aquellos individuos o grupos dispuestos a aportar un millón de dólares o más para un nuevo plan de gran impacto nacional. Llamar al 6616-4636.
El autor es presidente de la fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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