POLÍTICA. Oposición denuncia mal uso de recursos.
Con sabor a populismo
El populismo-clientelismo fue una fórmula que se usó durante el gobierno militar y que ahora vuelve a repetirse. Para el sociólogo Raúl Leis, no puede calificarse de populista toda acción social asumida por un gobierno.
| LA PRENSA/Jorge Fernández |
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| EN PERSONA. En noviembre de este año, el propio presidente, Martín Torrijos, repartió el arroz ‘Compita’. 951238 |
José Quintero De León
jquintero@prensa.com
La historia patria registra que el populismo-clientelismo fue una de las caras del régimen militar, el cual se inició con el general Omar Torrijos Herrera y también llegó a ser utilizado por su último sucesor, Manuel Antonio Noriega.
Fue una forma de mantener el apoyo político de los pobres en los campos, las comarcas y los barrios populares.
A través del "patrullaje doméstico" y de la "consulta popular", el general Torrijos repartía, desde zapatos escolares (Panamá soberana), bolsas de comida, becas, útiles y uniformes escolares, hasta lotes y otros beneficios sociales.
La historia se repite
Para la oposición política, la historia se repite y el gobierno de Martín Torrijos imita las viejas fórmulas con variantes.
La importación de arroz barato, "Compita", que se extenderá a otros productos básicos y el subsidio del diésel para los transportistas, el Programa de Desarrollo Comunitario y la Red de Oportunidades son vistos como prestaciones en pos del voto de 2009.
Clientelismo
Según Roberto Henríquez, vicepresidente de Cambio Democrático, las actuaciones del actual gobierno rayan en la demagogia y el clientelismo electoral. Sus investigaciones sobre los beneficiarios de la Red de Oportunidades revelan una relación directa con los últimos inscritos en el Partido Revolucionario Democrático.
Igual ocurre, dijo, con el Programa de Desarrollo Comunitario, que tanto se defiende, en el cual solo ha invertido 7 mil dólares en obras, pero despilfarra 150 mil dólares en propaganda, a pesar de los 50 millones de dólares del Canal.
Marco Ameglio, dirigente panameñista, sostiene que ante el deterioro social que ocurre, surge la tentación de impulsar políticas populistas que no resuelven los grandes problemas, por ser paliativos.
Ameglio calificó de ironía el que se repartan cheques de 35 dólares en las comarcas, mientras los niños mueren de hambre y de enfermedades. Sin embargo, esas 35 mil familias votarán por ellos en 2009.
Igual pasa, dijo, con el subsidio al diésel de los transportistas, cuando hay otros sectores más golpeados que nunca recibirán nada, porque no protestan por su marginación.
No hay populismo
Pero el sociólogo Raúl Leis asegura que no es así. Leis justifica la Red de Oportunidades como subsidio para enfrentar la pobreza extrema, bajo la condición de que los niños asistan a clases y las mujeres acudan al médico, fórmula ensayada en México y Brasil.
Justificó la importación de arroz y otros víveres como un deber del gobierno de proveer comida barata a su pueblo, pero a la vez cuestionó que no haya aplicado medidas antimonopólicas y antiespeculativas.
Igual opina del subsidio al consumo de luz, el cual debe acompañarse de medidas que frenen la especulación.
Una vieja práctica
En su sentido más peyorativo, el populismo es una forma de gobernar caracterizada por ofrecer regalías al pueblo. Este vicio tiene un hermano, el clientelismo electoral, que se ejerce cuando el político, en función pública, concede favores y prestaciones a cambio de apoyo electoral.
Los analistas políticos plantean que es mejor crear y promover empleos para los pobres que conservar su apoyo con regalos. Con la primera opción, el pobre deja de serlo. Con la segunda, se le imposibilita salir de su pobreza, pese a los regalos que reciba.
Un ejemplo clásico fue el de Juan Domingo Perón y su carismática esposa, Evita, en Argentina; José Velasco Ibarra, en Ecuador, y, más reciente, Hugo Chávez, en Venezuela, y Evo Morales, en Bolivia.
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