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Panamá, miércoles 5 de diciembre de 2007
 

PÉRDIDA DE CREDIBILIDAD.

Origen de la divergencia entre médicos y gobierno: Nisla Haughton

Nisla Haughton

Al margen del enfoque de: "¿qué fue primero, si el huevo o la gallina?", o cualquier recuento cronológico de la lucha gremial contra las impopulares políticas económicas del Gobierno para el sector salud, salta a la vista el problema fundamental en el proceso de negociación.

El Gobierno ha perdido toda credibilidad no solo ante el gremio médico sino ante el pueblo también: ¡No hay confianza!

No se puede confiar en un gobierno que ha ido orillando al pueblo, con medidas contrarias a todas las que prometió en tiempos de campaña… con el recordado: "Sí se puede".

No se puede confiar en un gobierno que invierte tiempo y dinero en propuestas de ley privatizadoras de la salud. En lugar de ofrecer soluciones y garantías convierten este derecho constitucional en un asunto mercantilista. Es inaceptable que un ciudadano común solo tendrá acceso a cierto nivel de servicios de salud, si puede pagarlos.

No se puede confiar en un gobierno que aprovecha estas propuestas para eliminar acuerdos gremiales duraderos que fueron hechos para ser respetados en el tiempo.

Obligados a actuar, por su posición, con una línea de negociación democrática ante el conflicto, sus negociadores han desplegado un conjunto de nefastas estrategias que expresan la evasión, la arrogancia, la agresividad y la actitud belicista con las que manejan el "no–diálogo".

Sin tener que ser muy analítico se visualiza la agenda oculta que contiene esta actitud intransigente: provocar un incremento en las medidas de paro con iguales actitudes.

¿Cuál puede ser la intención ulterior con una ventaja a la cual sacar provecho político?, permite al Gobierno confundir la opinión pública; induce al pueblo a pensar que es el grupo médico el responsable directo por el deficiente sistema de salud, deteriorando su imagen en la lucha por el futuro de la salud pública del país.

Este gobierno no ha proyectado la confianza, el respeto y la honestidad ante el pueblo que le dio el voto, porque permite que surjan todas las calamidades socioeconómicas y atentados contra la salud en este quinquenio.

Entonces, hoy por hoy, con las arcas llenas, ¿ante cuál grupo humano, profesional o no, responderá positivamente por un justo reconocimiento salarial o de cualquier otra índole? ¿Incrementarán debidamente la aportación económica que permita la sostenibilidad de ese proyecto, cuyas siglas invitan a pensar en "daño", infestado de ideas privatizadoras: (E)SPUS, Sistema Público Unificado de Salud? No lo creo. ¡No hay confianza!

En esta lucha desigual, con la coalición de los medios de comunicación como cómplices de este conflicto por la desinformación y la falta de veracidad, mal puede el pueblo comprender y despertar ante la amenaza que representa la gestión de un gobierno represor. Nos pueden vender a cualquier precio con tal de obtener las ventajas que buscan unos pocos, los más "empoderados" en la cúpula.

Ya muchos de los servidores públicos, no solo los trabajadores de la salud, han sufrido las consecuencias de las propuestas de los organismos internacionales impuestas por el Gobierno: "exhortar a las autoridades a trabajar con miras a retirar progresivamente leyes especiales que otorgan aumentos salariales automáticos a varias categorías de servidores públicos" (Fondo Monetario Internacional, informe No. 02/74, julio de 2002).

¿Entonces qué esperamos todos? ¿Que al hablar mal de los médicos y su mala atención, provocada en muchos casos por el deterioro del sistema de salud vigente, se va a reivindicar al pueblo ante tantas otras graves medidas impuestas? Estas son solo el inicio.

¿Se dejará manipular este pueblo mediante la desinformación y la provocación de un gobierno cuya máxima desde un inicio fue: ‘sí se puede’?

Lo que cabe preguntar es: ¿Qué era lo que sí se podía? Mentir, vender la autonomía del pueblo o impedir la expresión democrática de cualquier grupo humano con medidas de represión. Desabastecer de buenos medicamentos, insumos y equipos para dar mejor calidad de salud; permitir la corrupción a todos los niveles; negarle al pueblo su aspiración a gozar de verdaderas mejoras en la calidad de vida con el aumento de precio de todos los productos que suplen sus necesidades básicas, menos los salarios.

¡Lo que sí se puede es perder la confianza en el Gobierno!

La autora es médico familiar y epidemióloga
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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