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Panamá, domingo 2 de diciembre de 2007
 

SALUD.

Mentiras en la huelga de los médicos

Álvaro Díaz Guevara

Lo peor de nosotros mismos es sin duda la mentira, el engaño, la hipocresía, la manipulación y la indiferencia. Creo que estas cosas son las manifestaciones humanas que mantienen al hombre sumido en la miseria y la ruina, y no me refiero a lo material únicamente sino a lo más importante: lo espiritual. En nuestra sociedad por ejemplo, todos los días, por todos los medios lo único que escuchamos son mentiras. Mienten los políticos, los religiosos (curas y pastores), los trabajadores, los jóvenes, los indígenas, campesinos y últimamente podemos confirmar cómo la mentira se ha adueñado de todo, al ver a los médicos mentir descaradamente y con una facilidad espeluznante.

Lo peor es que nos quieren convencer de sus mentiras, utilizando uno de los más viejos métodos del engaño, aquel de que si repites una mentira lo suficiente, la gente te la creerá como sí fuera verdad. Gracias a Dios existe la libertad de expresión y podemos recurrir a este medio para dejar establecido con mucha claridad, la siguiente verdad: señores médicos el pueblo panameño sabe perfectamente que la huelga y absolutamente todos sus reclamos se refieren a un solo asunto: más salario. Ya paren de tratar de engañarnos, nosotros estamos hartos de nuestras propias mentiras para tener que ahora soportar también las de ustedes.

En lo particular creo que los médicos merecen tener salarios acordes con lo que dan a la sociedad. Es decir, merecen salarios que les permitan vivir con comodidad porque precisamente ellos son los que con su trabajo le dan a los ciudadanos buenos niveles de vida. Creo que nuestra sociedad, torcida como está, no valora a los que verdaderamente tienen la capacidad de hacerla prosperar y, por esta razón, no les paga lo que corresponde no solamente a los médicos sino tampoco a los maestros, que sin duda son los que tendrían que ganar los salarios más altos, las razones son obvias.

Si la sociedad valorará realmente lo que posee sin duda tendrían que poner a los médicos y maestros en una escala especial y muy honrosa. Sin embargo, los médicos o maestros, precisamente por lo grave y delicado de sus funciones, no pueden darse el lujo de luchar por sus derechos sometiendo al pueblo a los peligros de la falta de atención por una razón muy sencilla y muy grave: la muerte o la incapacidad física no esperan por nadie. No hay manera de recuperar la salud perdida o la vida. Esto tiene que ver con la sensibilidad humana, solidaridad, el amor al prójimo y también con creer en Dios.

Los médicos no pueden dejar de atender a la población para estar en la calle vociferando por más salario. Es urgente que utilicen sus excelentes cerebros y encuentren otra manera de protestar y de llamar la atención acerca de sus necesidades y derechos de mejor salario y condiciones de vida. Yo los apoyaría con toda mi fuerza, sobre todo, porque necesito que la persona que me atiende no ocupe su mente en problemas financieros cuando está curándome el hígado, los pulmones, las piernas, los ojos o cualquier otra parte de mi cuerpo. Estoy seguro de que la población entera los apoyaría para que el Estado y los políticos, esos incapaces, les reconozca no solamente el salario al que tienen derecho, sino que les otorgue las condiciones óptimas, no mínimas, para atender a los ciudadanos en general. Pero no podemos apoyarlos cuando por lograr más salario, nos dejan en el abandono, con nuestras dolencias, enfermedades y angustias.

¿Qué justificación puede tener un hombre que deja a otro en el peor de los sufrimientos teniendo él la solución a esto? Pues eso es lo que hacen los médicos cuando no atienden a sus pacientes, sobre todo, a la mayoría que es pobre y desesperadamente necesitada; que no tiene apoyo de nadie y que guarda en su corazón la esperanza de que algún ángel vestido de bata blanca les diga: "no se preocupe, yo lo voy a ayudar, vamos a hacer esto y ya no le dolerá más".

El autor es ingeniero
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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