Panamá históricamente ha sido un país de tránsito, cuyas características geográficas y privilegiada ubicación han servido como medio para el movimiento tanto de comercio como de personas. El Camino de Cruces, primero; y el ferrocarril interoceánico y el Canal, después, consolidaron esa vocación natural del istmo, que luego se complementó con los marcos legales, financieros y la infraestructura requeridos para catapultar a Panamá como importante centro internacional logístico y de servicios.
Sin embargo, estas ventajas hoy se convierten en un gran reto; y es que esas mismas bendiciones naturales e infraestructura diseñada son utilizadas por el crimen organizado para mover toneladas de droga por nuestro aire, mar y tierra, convirtiendo al país en la ruta por excelencia del narcotráfico hacia Norteamérica. Es evidente que los controles y profesionalización de nuestros organismos de seguridad e inteligencia no se han desarrollado al ritmo de nuestro crecimiento.
Pero más evidente aún es que el problema requiere urgente atención, pues se nos está saliendo de las manos.
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