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Panamá, jueves 29 de noviembre de 2007
 

URBANISMO.

¡No más edificios, por favor!

Albalyra Franco de Linares

En Punta Paitilla los edificios que "arañan" las alturas, con un alto porcentaje ocupacional, trastocan la vida y tranquilidad diaria. Los responsables del edificio Coastal Tower, en la calle Heliodoro Patiño, han pintado de amarillo el borde de la misma, como si esta fuera de su propiedad. En los días festivos de la comunidad hebrea se prohíbe la entrada y salida de los carros por la calle Juan XXIII, y si no la obstruyen las concreteras que abastecen a dos edificios enormes en construcción. Las calles que son de una vía no se respetan y cuando menos piensas te encuentras con un carro que viene en vía opuesta.

En la Winston Churchill, el Edificio Vista del Sol (terminando su construcción), imposibilita la entrada a la callecita Masyochi Ohira. La entrada sumamente estrecha es una curva y por falta de estacionamientos los carros se ubican a ambos lados de las aceras dejando poco espacio para pasar.

Hace 39 ó 40 años los dueños del Edificio Tarpeya, que habito, quisieron comprar un lote frente al mismo con el objeto de construir un edificio de 12 pisos. No se les permitió porque el área era baja densidad. Años después se construyó en ese lote el edificio Isla Mar con 16 pisos, 32 apartamentos; seguidamente la Torre del Mar con 30 pisos , y ahora el Coastal Tower, con más o menos 35 pisos.

Frente al edificio Tarpeya aún hay un lote y hemos oído que allí se levantará una construcción de 50 pisos; además, acaba de salir, anunciado en el periódico, un proyecto de dos torres de 60 pisos cada una, que levantará al lado de Torre del Mar. ¡ Ya la calle no aguanta más!

Desde las 7:00 a.m. el agua no llega a los estacionamientos de Tarpeya. Utilizamos el agua de los tanques de reserva. Cuando estos edificios se terminen y empiecen a succionar agua para sus dos torres, ¿qué nos pasará? Los camiones de mudanzas ocupan mucho espacio e imposibilitan el paso de los demás carros. En las noches el carro de la basura tiene que hacer maniobras para no golpear a los vehículos que no están encaramados en las aceras.

El tranque a la salida y entrada de Punta Paitilla y hacia Punta Pacífica cada vez es mayor. Si pretendemos salir por Vía Italia, donde está la Nunciatura para tomar la Avenida Balboa, la fila se hace larga a toda hora. Das la vuelta y tratas de hacerlo por la misma Vía Italia (Punta Paitilla es una herradura) y te encuentras con la entrada al pequeño centro comercial Bal Harbour, que tiene café restaurantes, el correo, una floristería, dos pequeños supermercados, varios salones de belleza a más de varios comercios y lavanderías y un pequeño local para entretención de niños. Los carros que pretenden entrar a este centro deben de tomar un tiquete para el estacionamiento y esto causa una demora con su consecuente tranque. Este tranque en ocasiones se junta con el de la salida a Punta Pacífica. En esa esquina se forma un río cuyas olas causadas por la fuerza de la velocidad con que pasan los camiones me arrancaron en días pasados la defensa de la parte delantera de mi carro. En esta misma esquina se habilita un edificio de apartamentos y saliendo de esa calle hacia la Avenida Balboa, acaban de terminar dos edificios enormes y construyen varios más.

A la entrada de la calle en donde se encuentra el único parque de Punta Paitilla y ahora Punta Pacífica –porque el de estos últimos fue ocupado por un edificio que no respetó las reglas– se termina la construcción de otro edificio, con dos apartamentos por piso, el que incrementará la ocupación de las calles, el uso del parque y la proliferación de mascotas. El parque está lleno de excrementos y ¡qué excrementos! cuando hay mascotas que pesan más de 80 libras. Hay que pensarlo bien antes de lanzar una pelota y que tu nieto, por ejemplo, la recoja sin confundirse con otra. Si no se fija bien podría acabar con una sorpresa desagradable entre las manos.

Para entrar y salir del supermercado 99, en cuyo entorno hay una cafetería deliciosa, un Suchi que ha resultado exitoso, un gimnasio fabuloso, siempre lleno, Varela hermanos, una lavandería, una tienda de juguetes, la Glidden, en fin un centro que atrae, ¡te la juegas! El desespero del tranque es tan grande que nadie quiere ceder el paso, los carros te empujan y cuando menos piensas alguien sufre las consecuencias.

Señores responsables de los permisos que se siguen otorgando: ¡Sean un poquito más considerados al respecto! La circulación de los carros es cada vez mayor y no hay espacio para construir más calles. ¡Este incremento de edificios no puede continuar!

La autora es poeta
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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