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Panamá, jueves 29 de noviembre de 2007
 

RECLAMOS SALARIALES.

De huelgas y de autoridades nacionales

Miguel A. Canales Flaaut

Es doloroso ver cómo se ha malgastado el tiempo durante la huelga de los médicos, tanto por las autoridades, como por los huelguistas, y todo por el "juegavivo" que han impuesto las autoridades, cuya estrategia como siempre utilizan los gobernante para desgastar a los huelguistas y, sobre todo, para descalificarlos.

Mientras tanto, del lado de los huelguistas, impera, como siempre, su desorganización y su individualismo. No aplican en esto el sentido de trabajo en equipo que, por ejemplo, ponen en práctica en el quirófano. En todo esto no concibo cómo el señor Luciani y la ministra Turner pueden estar en la mesa de negociación, si aún no han podido resolver el problema del envenenamiento de tantos ciudadanos por el descuido en el manejo de sus instituciones y cuando todavía permanecen muchos sentenciados, mientras ellos, orondamente, están dizque negociando. Por ética debieran haber renunciado. Ellos son partes del problema.

En Panamá tenemos la malhadada costumbre de improvisar y hablar mucho. Y a esto se suman alegremente los medios de comunicación dándole tinte de bochinche a muchas cosas serias y metiendo baza negativa, como es el caso que se comenta.

No estoy de acuerdo con ninguna huelga. Soy un profesor de ética, de negociación y de diálogo y sé que existen instrumentos para negociar los que permiten a los involucrados salir airosos de una confrontación como esta. Para ello la prensa debe quedar afuera. Y no lo digo porque no aprecie la labor que hacen los medios, cuando lo hacen bien, sino porque cuando los negociadores ven cámaras y micrófonos, toda negociación se va por la borda ante el prurito de abrir la boca y decir cualquier cosa que la lengua pueda soportar.

El Gobierno, como siempre, esperó a que cayera la lluvia para mandar a conseguir un paraguas. Como siempre, le trajeron uno pequeño y de mala calidad que se le dobló con la primera ventolina. Esto quiere decir que no se anticipan los conflictos y sus consecuencias. Lo que hace que las autoridades terminen por salir corriendo cuando las cosas les explotan en la cara ¿No parece eso una tontería? Eso no es gobernar.

Escucho por ahí que los maestros también pedirán lo suyo otra vez y cada cual hará lo mismo. Así si se hace un aumento general de salarios, quienes no sean beneficiados armarán su lógica protesta. No hay que olvidar que los jubilados son luchadores fuertes y tenaces y que el aumento de salarios aumentará los precios y a ellos los perjudicará mayormente. Ya los veo en las calles.

No puedo estar de acuerdo con las autoridades cuando menosprecian y menoscaban la calidad de los médicos. Con eso se le hace un daño grande al aspecto de la confianza que, junto con la calidad de las medicinas y la atención al enfermo, está la base de los servicios de la salud. Desafortunadamente en Panamá hubo una tragedia que determinó la pérdida de la confianza en los medicamentos, ¿Qué queda entonces? La medicina mágica, la de hierbas y baños esotéricos que los brujos promueven abiertamente a través de las emisoras del país.

¡Cuidado! Tampoco estoy de acuerdo con la falta de respeto a los funcionarios negociadores porque se pierde el principio de autoridad, que tan maltrecho está en la sociedad panameña. Tampoco me agrada la amenaza de traer médicos de fuera para resolver el problema porque entonces también deberemos pedir presidentes, vicepresidentes ministros, directores y otros funcionarios de alta jerarquía para que manejen el estado. ¿Se acuerdan cuando teníamos ministros y otros funcionarios gringos dirigiendo el Gobierno de Panamá? ¿Nos gustaba eso?

Cuando se negocia desde posiciones, como sucede en este caso, se convierte en una negociación distributiva en el que un bando quiere ganar en detrimento del otro. Al final todos pierden. Si se negociara bajo un espíritu del entendimiento, colaborativamente, conociendo y respetando los intereses de cada bando, estoy seguro de que ambos resolverán el conflicto y ambos ganarán. La terquedad cuesta caro. Y por último, si no se ponen de acuerdo, entonces que llamen a un mediador que los ayude a salir del callejón sin salida en que se encerraron por su mutua terquedad. Pero, oigan, que sea un mediador panameño. En Panamá hay bastantes y muy buenos mediadores, por lo que no es necesario recurrir al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. ¿Se podrá resolver este problema señores médicos? ¿Se puede, señor Presidente?

El autor es docente universitario
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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