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Panamá, jueves 29 de noviembre de 2007
 

VALORES FRENTE A INTERESES.

La transparencia es escandalosa

Ramón Lima

La sociedad, a través de los medios de comunicación, cotidianamente difunde los valores que tiene y a los que ella aspira. De esta manera, hay unos valores que son universales como los derechos a vivir dignamente, tener una vivienda apropiada y adquirir una educación que permita alcanzar los anhelos de superación que tiene todo ser humano. Sin embargo, para lograr sus fines las personas emplean vías no necesariamente admitidas por todos. Cada una de ellas tiene una forma, la cual llamaremos aparente o transparente, según sea la modalidad utilizada.

La forma aparente es la más empleada, ya que permite ocultar intereses, objetivos e identidades de las personas involucradas. Su camuflaje abarca todos los colores posibles para encubrir conflictos de intereses y lucrar del servicio público, usa la hipocresía y la demagogia para disfrazar pensamientos y acciones y hace mano de todos los medios para ocultar tanto la identidad de los actores como sus intenciones, sin que haya autoridad que actúe decididamente para atacar las actuaciones aparentes en la gestión pública.

Por otro lado, para que una acción sea transparente, la identidad de quien la ejecuta y se beneficia de ella debe ser conocida. Así también los intereses involucrados tienen que estar claramente definidos y ser de conocimiento de todos. Además, debe haber un marco regulatorio que se aplique a todos por igual, sin distingo de posiciones políticas, religiosas o socioeconómicas. Esto requiere tener equipaje moral para actuar con transparencia, de cara al sol y en paz con su conciencia.

El combate a la corrupción no es real si únicamente es una promesa carente de la intención honesta de aplicar una sola regla para todos. Para ello se tiene que dejar de lado los colores partidarios, inspirarse en principios éticos y encaminarse hacia el bien común. ¿Cuántas veces se ha dicho que el costo de la corrupción es el precio que pagan los pueblos para vivir con retrasos? Lo que pasa es que quien actúa con transparencia es porque no tiene algo que ocultar, pero se convierte en un estorbo para quienes emplean el tráfico de influencias y la colocación de amigos, parientes e incondicionales en puestos públicos, para que éstos respondan a sus intereses.

En la vida diaria ocurre que lo que es transparencia para unos, para otros es un escándalo. Así, frente a un trámite sin la intermediación de terceros y sin que el funcionario intervenga en la concesión o negación de lo pedido, grupos con apetitos políticos califican de escandalosa la actuación del servidor público. Además, los hechos se tergiversan insidiosamente por algunos profesionales de la información, los que se ven a sí mismos ajenos a toda responsabilidad y crítica. Todo ello porque los que no favorecen la transparencia prefieren una burocracia compuesta de múltiples obstáculos, el tráfico de influencias y el nepotismo.

También hay quienes gustan del escándalo sobre la sustancia y de las intrigas y zancadillas sobre la discusión de un tema sustantivo: ¿cuándo una actuación es transparente y cuándo es aparente?

Si el mismo peticionario acepta la invitación de terceros para representarlo y guardar las apariencias, no hay queja alguna, ni oportunidad para inventar un escándalo y seguir una máxima de Voltaire: ¡calumnia que algo queda! Así, la actuación aparente impide que algún medio de comunicación desarrolle campañas auspiciadas por intereses políticos, otros la utilizan para controlar entes donde tienen solicitudes particulares, sin que falte algún consultor público dispuesto a dar una opinión política con apariencia jurídica.

Frente a una solicitud de la persona jurídica de la cual el funcionario está apartado por encontrarse en licencia para ocupar un cargo público, éste debe abstenerse de conocer y de influir en la petición. No es otra conducta a la que la ley lo obliga. Ello no significa que a la sociedad profesional correspondiente le está prohibido elevar peticiones ante la oficina pública regida por una persona que se encuentra alejada de la sociedad referida. De esta manera, un suplente de magistrado de la Corte Suprema de Justicia y la firma a la que pertenece pueden gestionar ante la misma instancia judicial. Así también, hay profesionales ligados a sociedades civiles que ocupan cargos estatales y éstas realizan diligencias en el mismo ente vinculado con el profesional pertinente.

Para los profesionales de la información, lograr la renuncia de un servidor público que ejerce un puesto de relevancia es un trofeo, cuya tentación no es posible resistir, no importa si éste se logra haciendo uso del sensacionalismo y de la manipulación para vender más. En ese camino se desconoce el derecho a la honra, que entre otros está consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Convención Americana correspondiente.

Mientras no se practique la transparencia en el ejercicio de la administración pública, continuará transmitiéndose el mensaje de que la actuación aparente no solo es exitosa, sino también legalmente permitida. Así la corrupción tiene futuro porque no pasa nada y el combate a ésta se convierte en un discurso para ganar simpatías, pero carente de contenido concreto.

No hay duda de que hay que aumentar los esfuerzos para que se imponga la cultura de la honradez, la cual incluye realzar la dignidad de la política y del periodismo. A los políticos, para que no se repita que todos son la misma cosa y a los segundos, para que no le den la razón al escritor y filósofo Jorge Millas cuando se preguntó ¿Qué hace el periodista con todos los bienes culturales que posee? ... y se contestó: comúnmente, difundir cuanto de superficial y chabacano le reclama el poco exigente mercado público.

El autor es abogado
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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