El poder, cuando es absoluto, fácilmente puede nublar la visión de un Presidente, haciéndolo mucho más vulnerable a las tentaciones que vienen con una extrema concentración de autoridad. Torrijos ya controla el Ejecutivo y Legislativo, y antes de fin de año tendrá cinco magistrados designados en la Corte, que hacen mayoría en el pleno.
Esta situación –ya de por sí amparada constitucionalmente por un presidencialismo fuerte- es aún más peligrosa en una democracia como la panameña, en la que los órganos Legislativo y Judicial no ejercen una función fiscalizadora y de balance sobre las acciones del Ejecutivo.
Tanto los partidos de oposición como el pueblo panameño en general deberán estar vigilantes de las actuaciones del Ejecutivo, sobre todo a partir de diciembre, ya que, como es evidente, los controles que inspiró Montesquieu para limitar los abusos del poder están todos controlados e infiltrados por los tentáculos del Presidente y el Partido Revolucionario Democrático. |