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Especial para La Prensa vivir+@prensa.com FAMILIA. Hablar de homoparentalidad, no solo envuelve el tema de la homosexualidad, sino cómo suponemos la paternidad en parejas homosexuales. Hoy, nuestra sociedad es consciente (y reconoce, en cierta forma) que la estructura de las relaciones de pareja no es únicamente heterosexual, sino también homosexual. A pesar de esto, para algunos, la apertura se torna impensable o hasta inaceptable cuando se aborda el tema de la paternidad en parejas homosexuales. En una sociedad conservadora como en la que vivimos, caracterizada aún por los tabúes, reconocer los derechos y necesidades de las familias no tradicionales se torna un reto, sobre todo cuando la falta de información provoca ideas erradas sobre las capacidades parentales de estos, o bien sobre el desarrollo de la identidad sexual de los niños que crecen en estos hogares. Contrario a lo que se piensa, las investigaciones señalan que los niños que crecen con uno o ambos padres homosexuales, tienen el mismo desarrollo cognitivo, social, emocional y sexual que los niños que viven con padres heterosexuales. El desarrollo de los niños parece estar más influido por la naturaleza de las relaciones e interacciones dentro de la familia, que por la estructura particular de la misma. Es decir, los niños criados por padres homo-sexuales no necesariamente tienen problemas añadidos en su desarrollo, sino aquellos que crecen en un hogar disfuncional, caracterizado por relaciones conflictivas, inestables e irresponsables. Por supuesto, no estamos obviando la complejidad de tales entornos. Es fundamental que los padres manejen adecuadamente la información que dan a los hijos sobre la realidad de sus hogares. INTERÉS ¿Por qué la complejidad del tema, entonces? La dificultad se halla quizás en entender que las parejas no tradicionales muestran un deseo por tener y criar hijos. Mayormente, son dos las situaciones que disponen la homoparentalidad: la más común, es la de aquellos niños que nacen en el contexto de una relación heterosexual, que termina cuando una de las partes reconoce su verdadera orientación sexual. Las otras dos son: la adopción y las técnicas de fertilización. En cualquiera de los casos, como lo explica el psicoanalista Joan Raphael-Leff, el deseo de tener un hijo está motivado por el hecho de trascender, de tener una familia e integrarse socialmente, lo que es independiente de la elección sexual de pareja. Además, debemos separar la "identidad" sexual (me siento hombre o mujer) de la "elección" sexual (quiero estar con un hombre o mujer). No cabe duda de que el fenómeno "Gayby Boom", como se conoce en Estados Unidos, aún está en sus primeros pasos. Sin embargo, la evidencia actual es unánime al revelar que ser un buen padre o madre no está relacionado con ser heterosexual u homosexual, sino con saber cubrir las necesidades de amor y consistencia de un hijo. Además en Vivir
• Un mal común
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