La compleja telaraña de corrupción que frente a nuestros ojos se revela de poquito a poquito, con relación al manejo fraudulento de los dineros destinados a la mejora de la calidad en la educación, no es más que otro descarado caso de una práctica desvergonzada e impune que se ha perpetuado en cada gobierno, sin visos de acabar.
El presidente Torrijos incluyó el fin de la corrupción en sus bien divulgadas promesas de campaña, y ahora se le devuelve la torta en tamaño agrandado y sazonada también con el amiguismo y el clientelismo político. ¿Acciones concretas?
Eso es lo que la ciudadanía espera, para que cobre algún sentido la función fiscalizadora de la Contraloría que hasta ahora se ha mantenido rezagada en un rincón, mientras frente a nuestras narices los millones de fondos públicos salen alegremente y sin control para unos cuantos bolsillos privilegiados y cercanos al poder.
.¿Entonces? Hay o no hay alguien a cargo de impedir el saqueo a la piñata en que se han convertido los dineros de todos los panameños. |