| HUELGA MÉDICA.
Ni pa’lante ni pa’trás…
Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com
Hace casi tres semanas que comenzó la huelga médica y todo indica que seguirá un buen rato. Hasta ahora, no se vislumbra ninguna señal que de esperanzas sobre la posible solución a este conflicto que no es más que otra crisis en un sistema desgastado e inoperante al cual ya parecen haberse acostumbrado tanto los miembros del equipo de salud como el Gobierno y los usuarios.
Desde hace ya bastante tiempo, observamos con una inaudita pasividad la concatenación de desgracias que parecen ser ya la marca del sistema. Sobrerradiados en el Oncológico, muertes de pacientes en diálisis, envenenamientos por dietilenglicol, muertes por infecciones respiratorias en la comarca Ngöbe Buglé y desabastecimiento crónico de medicamentos e insumos son solo algunas de las agudizaciones de la crisis constante en que funciona el sistema público de salud.
Autoridades van, autoridades vienen y no parece ser posible encontrar la fórmula para solucionar realmente los problemas del sector. Los usuarios, consideran ya "normal" madrugar a las dos o tres de la mañana para conseguir una cita de ocho minutos (el sistema no permite consultas más largas) para solo obtener un remedio sintomático, pues administrativamente no hay tiempo para lograr un diagnóstico preciso y establecer un plan de tratamiento adecuado.
Como si fueran pocos los problemas, ahora los gremios médicos se han abocado a una huelga donde buscan mejorar muchas cosas y, de paso, conseguir un nada despreciable aumento salarial que equipara el que se diera a otros gremios y que, por ley, debe darse a todos por igual.
Antes de seguir, quiero dejar claro que me parece que ese aumento está sobradamente justificado para quienes cumplen con su trabajo y ponen su mejor esfuerzo para brindar una atención de calidad a sus pacientes, especialmente si comparamos sus salarios con lo que gana la pandilla de inútiles que labora como "asesores", siendo su única credencial el ser primo o copartidario de algún diputado o político. Estos médicos responsables, son muchos más de lo que la gente cree, pero desgraciadamente sufren una injusta generalización cuando los usuarios hablan de quienes asaltan descaradamente al sistema cobrando por ocho horas mientras trabajan una (o media).
Siempre he criticado la complicidad de los gremios, que esconden con su silencio a unos cuantos vagos a quienes "por solidaridad gremial" no se les denuncia. Como ya dije alguna vez, si los gremios propusieran controles para fiscalizar el tiempo de trabajo de cada uno de los médicos o denunciaran públicamente a quienes no cumplen con sus labores, seguramente la huelga tendría mucho más respaldo popular, pues los usuarios verían en esos dirigentes a verdaderos defensores de la salud y no a cómplices de la holgazanería de unos pocos.
Otro problema: los "negociadores" no deben ser personas conflictivas sino individuos razonables que busquen puntos de consenso y no de confrontación. Comenenal se queja de que el Gobierno manipula la información a su conveniencia, lo cual me recuerda lo que hacían ellos durante las reuniones de los garantes. Por otro lado, hace rato me sorprenden los términos en que se expresan los líderes gremiales en sus comunicados, por lo que no me sorprende el irrestricto apoyo que han recibido de grupos radicales como Frenadeso que, hasta ahora, se han caracterizado más por tratar de desestabilizar el país con su agenda de "miseria igual para todos", con el fin de algún día alcanzar su propio paraíso bolivariano donde solo faltaría identificar al payaso que haría las veces de Hugo Chávez. Si pensamos en aquello de "dime con quién andas y te diré quién eres" la conclusión como médico es deprimente.
Pero, si se analizan los puntos que tienen "trancada" la discusión, no es solo el tema salarial a pesar de que el Gobierno (que ha manejado la crisis con una ineptitud proverbial), así lo trate de hacer ver.
Para mí, el tema más preocupante es lo que se refiere a la privatización del sistema y a Consalud (sistema bajo el cual se maneja el hospital San Miguel Arcángel de San Miguelito) y que ya en enero, los garantes recomendáramos eliminar. Este sistema (basado en una ley del gobierno anterior del PRD) ha favorecido la "externalización" de servicios por empresas privadas (aunque insistan en calificarlo como un sistema público–público) lo cual es una forma velada de privatización. Este sistema ha permitido que médicos/empresarios, obtengan contratos pagados por el Estado para ellos subcontratar a otros profesionales sin darles estabilidad laboral ni prestaciones. Muchas veces, los salarios son pagados con retraso y, como no se permiten las medidas de presión, los afectados guardan silencio para asegurarse la renovación de sus contratos. Así, como la prioridad es la ganancia de los intermediarios, la calidad se sacrifica mientras se trasladan los casos complejos a otros hospitales (Santo Tomás, CSS y Hospital del Niño) generando ahorros al deshacerse de los casos "caros". Por otro lado, la "participación comunitaria" se trató de hacer tan, pero tan amplia, que resulta inoperante al ser demasiados los intereses que tienen que ver con la toma de decisiones.
A pesar de que los huelguistas piden la derogación de la ley de Consalud, el Gobierno la defiende con tal vehemencia que sería interesante que se hiciera pública la lista de todas las empresas (con sus representantes legales) que han obtenido contratos con el San Miguel Arcángel desde que fuera inaugurado. Ojalá me equivocara, pero sospecho que muchos de los defensores acérrimos del sistema pudieran ser quienes han lucrado con contratos de servicios médicos, insumos, servicios administrativos, recursos humanos, aseo, imprenta, lavandería, servicios generales y quién sabe cuántas cosas más. Si viéramos esas listas, no debería sorprendernos que muchos de estos contratos estén directamente relacionados con los directivos del "patronato", figuras políticas, familiares o simples "amigos" de esos que siempre abundan.
Ojalá se logre una pronta solución al problema… pero, para lograrlo, un buen principio sería que ambas partes dejen ver sus verdaderos intereses para que los usuarios sepan honestamente dónde están y qué futuro les espera.
El autor es médico
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