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Panamá, domingo 25 de noviembre de 2007
 

COCLÉ.Los ganaderos y los barcos atuneros son los que consumen algo de la producción.

Ocaso de las salinas de Aguadulce

La salinera dejó de ser una de las principales fuentes de sostén económico de los aguadulceños hace 20 años. Ahora su comercialización es baja a nivel de ganaderos y para abastecer los barcos atuneros.

ESPECIAL PARA LA PRENSA/R. Quezada
PROCESO. Evaporación del agua, para dejar solo la sal que luego se seca y se recoge para su venta.943837
Rafael Quezada
AGUADULCE,Coclé

La tradicional imagen que antes identificaba a la ciudad de Aguadulce como la tierra de la sal y el azúcar se ha quedado como un mero símbolo literal que corre de voz en voz. La realidad de esta actividades es otra.

La industria de la sal, por ejemplo, atraviesa serios problemas que le impiden recuperarse.

Según datos de los productores, la producción de sal ha decaído porque las áreas o superficies de extracción o (las llamadas salinas) han disminuido. Antes existían 144, ahora solo hay 33, incluso algunas fueron utilizadas como espacios para la producción del camarón y así se han quedado desde 1998.

Las bodegas de las salinas de Aguadulce, que están ubicadas en el barrio San José de El Coco, son una muestra de lo abandonada que está la industria, solo unos viejos caserones de madera funcionan como depósito de sal cruda.

Los ganaderos y los barcos atuneros son los que consumen algo de la producción que sale de Aguadulce.

De 300 mil quintales de sal que se producían antes hoy solo se extraen 35 mil, como máximo, para ser vendidos a 4.25 el quintal.

Las empresas que antes compraban el producto a los salineros eran Empresa Coclesana, y Panasal, esta última ahora importa, otro aspecto en contra de la industria, dijeron salineros.

"Nosotros lográbamos vender hasta 300 mil quintales de sal en cada zafra", recordó José de la Rosa Quezada, un viejo salinero.

Si en algo se beneficiaba el pueblo de Aguadulce era que todo el producto de la venta de sal por zafra, que alcanzaba unos 950 mil dólares, se quedaba circulando en el mismo pueblo, recuerda.

Como anécdota dice que las abarroterías del lugar daban crédito todo el año a los salineros hasta por mil dólares, saldo que cancelaban con la venta de la sal.

Organización tambaleante

La industria salinera de Aguadulce fue organizada en la cooperativa de salineros Marín Campos, hoy 141 miembros pertenecen a ella, pero la misma atraviesa problemas financieros y está intervenida por el Instituto Panameño Autónomo Cooperativo (Ipacoop).

Sin embargo, a pesar de estar intervenida, el Ipacoop realiza reuniones periódicas para informar a los socios sobre el estatus de la misma.

Los propios aguadulceños están conscientes de que la actividad ya no es como hace 15 años, así lo sienten.

Telva Córdoba, presidenta del Comité Cultural de Aguadulce, grupo que resalta las tradiciones de los pueblos, comenta que existe preocupación porque las salinas de Aguadulce están desapareciendo.

Responsabilidad

Las hojas volantes con mensajes eran uno de los movimientos que buscaba alentar a los coterráneos ante la difícil crisis que se avecinaba.

"Fue tan poco el amor de los aguadulceños a la tradicional salinera que permitió que esta se extinguiera; o fue el poder económico el que los presionó a desaparecer como tradición, es como si parte de Aguadulce hubiera desaparecido", escribió Córdoba.

Debilidades de la industria

Otras señales de que la industria salinera ha mermado su actividad es que curiosamente el tradicional rodo y las palas de madera (herramientas utilizadas en el proceso de extracción de la sal) ya no están presentes en las casas del barrio San José, donde residen los trabajadores de las salinas.

También aquel hombre de fisonomía recia y resistente (los viejos salineros) ahora permanece de brazos cruzados sin trabajo y otros realizan diversas faenas para lograr subsistir.

Mecanizar el sistema

Existen criterios de expertos sobre el tapete que coinciden en que una de las formas de reactivar la industria salinera es la de mecanizar el sistema de producción.

José de la Rosa Quezada, quien además fue presidente de la cooperativa en 1986, es uno de ellos y también señala que no es nada fácil reflotar la industria de la sal.

Primero, hay que reducir el gasto de producción que está por el orden de los 2.25 dólares para producir un quintal de sal, frente a los cuatro balboas con 25 centavos en que se vende actualmente.

Al mecanizar se pueden atender mayores superficies para extraer la sal, algo que no se puede hacer ahora bajo el viejo sistema tradicional, en el que la fuerza laboral alcanzaba casi los 25 mil trabajadores por temporada de zafra.

El biólogo Denis Oscar Rivera coincide y dice que al mecanizar el proceso se aumenta la producción y se mejora la calidad de la sal al concentrarle mayor porcentaje de cloruro de sodio, en este paso se ahorra el gasto de yodar la sal.

 
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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