| POLÍTICA.
¿Rusia tiene aún una oposición?
Stefan Voss
En lo que pareció un intento desesperado, los liberales rusos intentaron excluir de la carrera al poderoso principal candidato del partido del Kremlin Rusia Unida, el presidente Vladimir Putin, en la recta final hacia las elecciones de la Duma el 2 de diciembre. El mandatario abusó de su cargo, argumentó el presidente del partido SPS, Nikita Belych. El poder estatal toma nota de estos ataques; los debates entre el gobierno y sus contrincantes han sido eliminados. Y los expertos se preguntan si aún existe una oposición en funcionamiento en el país.
A excepción de Bielorrusia, bajo un gobierno dictatorial, bien podría no haber otra nación europea en la que las voces críticas del gobierno en la campaña electoral se vean tan restringidas como en Rusia. Políticos como el ex jefe de gobierno Mijail Kasianov, quien ha provocado la ira del Kremlin, se quejan de que por todo el país se les niegan salas de reuniones a último momento, la policía confisca propaganda electoral y los simpatizantes son intimidados por el servicio secreto.
"La campaña electoral transcurre en líneas generales sin dificultades", aseguró por el contrario el jefe electoral impuesto por el Kremlin, Vladimir Churov.
En la nación de gigantescas extensiones geográficas, la televisión estatal que se difunde por todo el territorio es el medio más importante de propaganda. Los tiempos de emisión previstos por ley para los partidos fueron desplazados a horarios marginales del día.
A partir de la nueva ley electoral, se derogaron los mandatos directos y se elevó la valla para el ingreso en la Duma al 7%. Podría ocurrir que esta barrera fuera traspasada únicamente por los comunistas como único partido ajeno a las fuerzas del Kremlin. Pero el fracaso de la oposición también se explica por su propia fracaso a la hora de conectar con una población desencantada. Las fuerzas prooccidentales rusas todavía no están en condiciones de formar una fuerza conjunta para estar representadas al menos en el nuevo Parlamento.
De acuerdo con la opinión de los analistas, actualmente sólo tendría chances marginales una corriente de nacionalistas que se manifieste contraria a los oligarcas y la corrupción. El populista de izquierda Serguei Glasev cosechó con esta fórmula casi el 10% de los sufragios en las elecciones de la Duma en 2003.
El Kremlin reaccionó de inmediato: la agrupación de Glasev, Rodina, fue incluida en el partido iniciado por el oficialismo Rusia Justa. Según expertos, debe luchar contra posiciones pseudoizquierdistas y nostálgicos soviéticos y desviar el agua del molino de los comunistas, aún relativamente fuertes.
Las encuestas pronostican que el Kremlin dispondrá en la nueva Duma sobre una mayoría de dos tercios. Los especialistas de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa no observarán estas elecciones parlamentarias. Tras fuertes disputas con Moscú, desistieron del mandato para sus observadores.
Ya desde ahora todas las fuerzas en la Duma se comportan mansamente. Por ejemplo, cuando el Parlamento se ocupó a principios de noviembre de la anunciada suspensión del tratado sobre fuerzas convencionales en Europa, todos los parlamentarios votaron a favor, incluidos los comunistas.
DPA
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