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Panamá, viernes 23 de noviembre de 2007
 

PROGRAMA CUBANO.

El costo de la ‘operación milagro’

James C. McKinley Jr.

En un reciente día soleado de este mes, un nuevo y reluciente autobús se detuvo ante el mejor hospital de oftalmología en Cuba, descargando a 47 personas de clase trabajadora que venían de El Salvador, muchas apenas podían ver debido a que sus ojos estaban cubiertos por cataratas. Entre ellos estaba Francisca Antonia Guevara, de 74 años de edad, proveniente de Ciudad Delgado, cuya vista era un borrón. Ella visitó a un oftalmólogo en su país natal, pero no pudo costear los 200 dólares que necesitaba para un implante de lentes artificiales, y menos cubrir el costo de la cirugía. "Como una persona de escasos recursos, no podía darme ese lujo", dijo.

Aunque la economía cubana no está exactamente pasando por un auge, las cataratas de Guevara fueron eliminadas y se le implantaron las lentes. El Gobierno cubano absorbió el costo total, incluidos el viaje por aire, la estadía, los alimentos e incluso los cuidados y el seguimiento a Guevara.

El Gobierno se ha referido a este programa como la "Operación Milagro", y para los cientos de miles de personas de Venezuela, Centroamérica y el Caribe que se han beneficiado desde su lanzamiento, en julio de 2004, su nombre es apropiado.

Con todo, este programa no es un simple esfuerzo humanitario, y no se ha dado sin costos. La campaña en contra de la pérdida de la vista sirve como una aguda publicidad de los beneficios del socialismo cubano, así como una ingeniosa forma de exportar uno de los pocos aspectos que la economía administrada por el Estado produce en abundancia: médicos. Los doctores cubanos en el exterior reciben mejores sueldos que en Cuba, aunado a otras prestaciones del Estado, como el derecho a comprar un automóvil y obtener una casa relativamente lujosa a su regreso. Debido a esto, muchos de los mejores facultativos han asumido puestos en el extranjero.

Los médicos y enfermeras que permanecen en Cuba son insuficientes y enfrentan una pesada carga de trabajo, lo cual da como resultado un descenso en la calidad del cuidado para los cubanos, comentaron algunos médicos y pacientes.

Las autoridades dicen que, desde que empezó el programa, han atendido a más de 750 mil personas para tratar condiciones médicas como las cataratas y el glaucoma.

Al mismo tiempo, médicos cubanos han creado 37 pequeñas clínicas de oftalmología en América Latina, el Caribe y Malí. Veinticinco de los centros están en Venezuela y Bolivia, cuyos respectivos presidentes tienen estrechos vínculos con los hermanos Castro. Los hospitales cuentan con más de 70 de los mejores cirujanos oculares de Cuba y cientos de otras enfermeras y oftalmólogos.

Desde hace más de 50 años, el Dr. Sergio M. Vidal Casali, de 84 años, ha trabajado en el Instituto Cubano de Oftalmología Ramón Pando Ferrer, especializándose en enfermedades de la retina. Dijo que el constante flujo de pacientes extranjeros a través del hospital, en combinación con el éxodo de varios facultativos a otros países, había afectado negativamente a su departamento. "En verdad no me gusta", dijo. "Es maravilloso para la gente, pero no para nosotros. Esto perturba nuestro trabajo". En tanto, el Dr. Reynaldo Ríos Casas, director del instituto, dijo que los primeros días de la operación fueron frenéticos. Los cirujanos trabajaron en tres turnos, manteniendo en uso los quirófanos del hospital día y noche. No era infrecuente que un solo cirujano llevara a cabo 40 cirugías en un turno. Desde esos días, Ríos dice que el hospital ha estado capacitando nuevos oftalmólogos, a la impresionante tasa de 2 mil 100 en este año, la mitad de los cuales serán cirujanos. El presupuesto del hospital ha crecido 10 veces y ya actualizaron su equipamiento. Actualmente cuenta con 34 salas de exposición para cirugías, con el equipamiento más sofisticado, incluidos dos especiales para cirugía avanzada con láser.

Una de las ventajas de este programa es que les ha dado a jóvenes cirujanos un flujo constante de pacientes, con los cuales pueden perfeccionar sus habilidades. Tan solo en este año, ellos han llevado a cabo 394 operaciones de trasplante de córnea en el hospital.

En años recientes, el programa ha permitido que Cuba use a sus médicos como trueque por petróleo subsidiado de Venezuela, aunado a forjar relaciones más estrechas con otros países en la región, incluidos algunos como El Salvador, que históricamente no han mantenido vínculos con el régimen comunista.

Por supuesto, a las personas a quienes les restablecen la vista no podrían importarle menos las repercusiones políticas y económicas de este programa. Para ellas, la oferta de una cirugía sin costo fue un sueño hecho realidad.

Guevara, cuyo marido es un trabajador de la construcción ya retirado, de El Salvador, dijo que ella había perdido la esperanza de ver nuevamente. Oyó acerca del proyecto cubano en una estación de radio en la lengua maya. "Nunca imaginé que alguien me ayudaría de la forma que lo hicieron"', dijo, mientras esperaba a ser operada. "Yo creí que iba a terminar ciega".

The New York Times News Service
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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