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Panamá, viernes 23 de noviembre de 2007
 

DIVISIONES.

El ‘chamo rojo’ en su punto

Irving Domínguez Bonilla

Debo reconocer, como punto inicial de mi análisis, que Hugo Chávez rompió las expectativas que tenía de él, desde los reiterados golpes de Estado contra Carlos Andrés Pérez y su posterior encarcelamiento, pues siempre consideré que no pasaría de ser simplemente el milico de turno que pretende asirse al poder por la fuerza de las armas a costa, incluso, de destruir un proceso democrático.

En mis años de estudiante universitario veía las imágenes televisivas de un Chávez enfundado en su uniforme militar de fatiga, con boina roja incluida, instando a sus tropas –ante el fracaso del primer golpe– a deponer las armas, al admitir que "por el momento no podían lograr el objetivo propuesto" (4 de febrero de 1992). Sin embargo, de forma organizada e insistente logró, posteriormente por la fuerza de los votos, (ante el descrédito, hastío y repulsa del pueblo venezolano, por los partidos políticos tradicionales) alcanzar la Presidencia de la República. Incluso se sometió a un referéndum en donde, debido a la desorganización de la oposición venezolana, legitimó su poder y su investidura.

El proceso chavista dista mucho de sus primeros objetivos, como movimiento de corte socialista, ahora es prácticamente una dictadura que pretende perpetuarse en el poder a través de un proceso constitucional, pero conculcando las garantías fundamentales de los venezolanos para alcanzar esa meta. Basta ver, a manera de ejemplo, la represión que se aplica a todo aquel que ose oponerse públicamente al statu quo. Así se cierran medios de comunicación, se atropella la propiedad privada, a la libre empresa y se veta el ejercicio de las profesiones liberales.

Este mefistofélico sujeto, embriagado de las mieles del poder, pretende erigirse en el adalid de los latinoamericanos, exportando "la revolución chavista" a todos nuestros países y amparado en los petrodólares que hoy llenan el tesoro nacional de Venezuela.

Por su fuera poco, este fenómeno se reproduce en Nicaragua, Bolivia y Ecuador, aupado por el propio Chávez quien no esconde el apoyo a sus incondicionales "clones políticos", interviniendo incluso en estos países de forma directa.

Hoy la sociedad venezolana está dividida y sometida al terror constante, al mejor estilo cubano, al punto de que muchos prefieren huir del país, antes que vivir bajo ese régimen absurdo y kafkiano. Los que se quedan experimentan el miedo por la falta de seguridad y están a la espera de que este Leviatán los devore.

Pero son los propios venezolanos lo que tienen la solución en sus manos. El referédum a celebrarse el próximo mes sería una buena oportunidad para que le propinaran una gaznatada a este megalómano militar y para que le hicieran saber que no están dispuestos a soportar a un dictador que pretende perpetuarse en el poder, a costa acabar con la paz, la tranquilidad, la seguridad y los derechos fundamentales de los ciudadanos.

No es posible que el control total del poder quedé en manos de una sola persona, como bien dijo Simón Bolívar: "Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos".

Solo espero que en Panamá no nos hagamos eco de los cantos de sirena de los círculos (o cuadrados) bolivarianos que pululan por aquí y que pretenden vendernos la hiel que degustan los venezolanos, disfrazada del azucarado sabor de una mal llamada "revolución chavista".

El autor es abogado
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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