| EFECTO DOMINÓ.
La carrera bélica latinoamericana
942602Eduardo Ulibarri
Si algo debe evitar América Latina, ahora o en cualquier momento, es sumergirse en una carrera armamentista, por muy modesta que parezca frente a las de otras zonas del mundo.
Con nuestras necesidades de invertir en educación, salud e infraestructura, con esquemas tributarios en general poco eficientes, y con la funesta historia de intervención militar en la vida civil, las prioridades deberían estar muy lejos de comprar destructivos y onerosos juguetes de guerra. Pero los indicios son inquietantes: los gastos están creciendo y la tendencia podría acelerarse.
Los demenciales ímpetus "bolivarianos" y autoritarios de Hugo Chávez han sido el detonante. Dotado de una petrochequera por el momento llena, y sin controles democráticos internos que contengan sus eventuales caprichos expansionistas, su desproporcionado shopping bélico genera la mayor, y más justificada, inquietud en el hemisferio, sobre todo Sudamérica.
Pero también debe considerarse el aumento del aparataje militar, por razones adicionales, en otros tres países: Colombia, por su lucha contra la narcoguerrilla y el programa de "seguridad democrática" del presidente Álvaro Uribe; Chile, por la modernización de su fuerza aérea, y Brasil, por sus aspiraciones de potencia regional (más allá de sus dimensiones geográficas y económicas) y su inquietud por Venezuela.
A lo anterior se añade la incomodidad ecuatoriana por su debilidad relativa frente a los vecinos, y la peruana, por sus fricciones fronterizas con Ecuador y Chile.
Las adquisiciones de Chávez no solo incluyen los 53 helicópteros, 24 aviones caza y 100 mil rifles de asalto Kalashnikov comprados a Rusia el pasado año. También, según el muy reconocido Instituto Internacional de Estocolmo sobre Investigaciones de Paz (conocido por sus siglas en inglés, Sipri), hay que sumar barcos de Corea del Sur, aviones de entrenamiento y sistemas antimisiles de Italia, y otros helicópteros de Alemania.
Pero mayor preocupación aún han despertado sus negociaciones para comprar nueve modernos submarinos y un sistema de defensa antimisiles a Rusia.
Como la mayor parte de la factura corresponde a este y el pasado año, la magnitud de estas adquisiciones en relación con el tamaño de la economía venezolana no se refleja en el desglose comparativo por país del Sipri, cuyos datos más recientes son de 2005. Sin embargo, la cifra absoluta es descomunal, y se estima que supera los 12 mil millones de dólares.
Brasil, que en 2005 dedicó un modesto 1.6% de su producto interno bruto (PIB) a gastos militares, acaba de hacer públicas sus gestiones con Francia e India, para obtener tecnología que le permita el enriquecimiento de uranio, tanto para generación eléctrica como para propulsar un submarino nuclear. Además, ha reactivado sus planes para renovar su antigua flota de cazabombarderos F-5 y Mirage, mediante contratos que también incluyen transferencia tecnológica.
Según declaró su Ministro de Defensa al diario Financial Times, todo se debe a que un país "que debe ser protagonista en la región", necesita capacidad militar. Pero, a esto se añade su creciente, aunque no declarada, inquietud con Chávez.
Chile y Colombia son los países que, hasta 2005, un mayor porcentaje del PIB con fines militares: 3.8 y 3.7, respectivamente, ese año. En cambio, México andaba por la mitad de uno, lo cual revela las enormes diferencias que existen en las concepciones sobre defensa y en las realidades o percepciones geopolíticas de la región.
En Ecuador, sin embargo, su Ministro de Defensa declaró que el "desequilibrio" militar en la región andina "de hecho es una amenaza", y destacó la necesidad de que sus fuerzas armadas estén "bien preparadas y bien dotadas".
A pesar de tan preocupantes señales, América Latina es la región del mundo que, según el Sipri, dedica un menor porcentaje de su producción al gasto militar. Sin embargo, lo que debe considerarse con particular atención es que, en materia de armamentos, el llamado "efecto dominó" es casi inevitable en una zona, cuando un país con un mandatario inestable y sin controles institucionales, como Venezuela, se abre la competencia.
Por desgracia, la industria bélica es tan significativa e influyente en tantos países desarrollados, que el "dominó" también aplica para los fabricantes, sean rusos, chinos, estadounidenses, franceses, israelitas o españoles.
Es decir, tanto del lado de la demanda, como del de la oferta, las condiciones están dadas para la carrera. Frenarla parece una tarea casi imposible; moderarla quizá sea lo más que pueda lograrse. Entre tanto, inversiones mucho más importantes y urgentes deberán esperar, y los militares podrán pulir sus herramientas con mayor orgullo. Lástima.
El autor es periodista y fue director de La Nación de Costa Rica
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