| MEDIDAS CONTRA LA INFLACIÓN.
Crecimiento, bienestar y consumismo
Gabriel Diez
Durante los últimos tres años Panamá ha experimentado un crecimiento económico impresionante, que se refleja en la disminución de los índices de desempleo y en la importancia de actividades como la construcción, el comercio, servicio, turismo y la banca entre otros. Sin embargo, asimismo se han encarecido los productos de primera necesidad, debido al constante aumento del precio del petróleo en los mercados internacionales, cuyo costo por barril se aproxima a los 100 dólares.
Se trata de una ecuación sencilla, por ejemplo, una actividad agropecuaria e industrial utiliza insumos energéticos, ya sea energía eléctrica, gasolina o diésel, por lo que el alza de los hidrocarburos irremediablemente incide en el costo de producción y eventualmente en el precio al consumidor. Y no se trata de justificar el creciente aumento del costo de la vida; pero es bueno que más que sentarnos a lamentar por lo caro que se ha puesto todo, empecemos a tomar medidas tendientes a utilizar mejor nuestros salarios y a racionar el consumo energético.
En el tema energético, hay que tomar medidas tan sencillas como no tener encendida luces que no se estén utilizando, abrir el refrigerador solo cuando sea necesario y dejar la práctica de tener el televisor encendido aunque nadie lo esté viendo.
También, en las oficinas aprovechar la frescura de la mañana y encender el acondicionador de aire, media hora después de la entrada, y apagarlo media hora antes de salir.
Otra medida efectiva es el reemplazo de las lámparas incandescente por otras fluorescentes, y no dormir con las luces encendidas, como se estila en muchos hogares, ante la creencia de que esta práctica es garantía de mayor seguridad.
No hay que obviar que a los panameños les gusta la comodidad y eso explica que muchas veces en aras de sentirnos cómodos no observamos estas medidas simples tales como: mantener el aire acondicionado en una temperatura agradable y no en estado de congelación y que al final impactará nuestros bolsillos, además de reducir el consumo en general, lo cual eventualmente contribuye a bajar el costo de la energía.
En los últimos años también se ha disparado el precio de los hidrocarburos y la venta de automóviles. Cada vez que se anuncia un alza del diésel y de la gasolina, todos pegamos el grito al cielo, pero ¿cuántos tomamos acciones para reducir el consumo?, pocos.
¿Por qué en vez de quejarnos por el alto precio y ponernos a buscar las estaciones que venden "más barato", mejor no tomamos acciones más efectivas? Por ejemplo, podemos ponernos de acuerdo con el vecino para que nos lleve al trabajo y viceversa; o un fin de semana simplemente no usar el automóvil.
Existe una realidad, los altos precios del combustible, sumados a eufemismos legales en los cuales se amparan las empresas energéticas y de combustible, para subirnos las tarifas, son cosas que nadie controla; por lo que solo un consumidor consciente, activo y activista podrá revertir este fenómeno.
El crecimiento económico que experimenta el país debe contribuir al bienestar de todos, pero no a costa de un consumismo que al final revertirá las bondades que esta bonanza debe traer a todos.
El autor es ex presidente del Sindicato de Industriales de Panamá y de la Capac
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