| RENUNCIA.
Una publicista despistada
942905Betty Brannan Jaén
WASHINGTON, D.C. –La zoneíta de más rango en el gobierno de George W. Bush ha decidido abandonar el cargo y nadie está llorando su partida. Me refiero, por supuesto, a Karen Hughes, subsecretaria de Estado para Diplomacia Pública.
Su tarea era mejorar la imagen internacional de Estados Unidos y su fracaso fue rotundo; sus defensores están relegados a decir que la tarea era imposible, y el fracaso inevitable.
"No es culpa de Hughes que la perspectiva musulmana de Estados Unidos siga baja, y en algunos lugares haya caído precipitosamente, desde que ella fue contratada. La ocupación estadounidense de Irak, la pasividad frente al conflicto israelí–palestino, y Abu Graib, Guantánamo y los mercenarios de Blackwater hicieron que su posición fuera insostenible", editorializó el Houston Chronicle. Otros reconocen que Hughes trabajó para aumentar la visibilidad de funcionarios estadounidenses en los noticieros del mundo árabe y fomentar nuevos programas de intercambio cultural.
Pero los críticos señalan que Hughes llegó a su tarea con la mentalidad de una publicista que se preocupa por mejorar la imagen, no la realidad, limitación agravada por su falta de experiencia en relaciones internacionales, especialmente con el mundo árabe. Su primer viaje al Medio Oriente después de asumir el cargo –nunca antes había ido– fue muy criticado por la ignorancia que mostró; el New York Times tildó su actuación de "embarazosa" y el Houston Chronicle describió a Hughes como "el símbolo ambulante de la arrogancia de Bush". En el Medio Oriente (según leí en el Washington Post), Arab News opinó que Hughes estaba "dolorosamente despistada" y el canal televisivo Al Jazeera la bautizó "el payaso principal del circo diplomático estadounidense".
Mientras tanto, las encuestas internacionales muestran que la imagen de Estados Unidos en el extranjero no mejoró durante los dos años en que Hughes dirigió "la diplomacia pública" de su país. No solamente en los países árabes, sino también en Europa y Latinoamérica, e incluso entre los aliados tradicionales de Estados Unidos, la imagen favorable de Estados Unidos ha ido reduciéndose sostenidamente desde 2002 en adelante. (Ver www.pewglobal.org).
En Washington, varios comentaristas han observado que Hughes es la última de los íntimos de Bush en salirse de la Casa Blanca; supuestamente, la troika que Bush trajo de Texas consistía de Hughes (publicista), Karl Rove (creador de las estrategias electorales), y Dan Bartlett (asesor). Otro íntimo –pero que pasa desapercibido por no tener cargo oficial– es el panameño Raúl Romero, cabildero para el gobierno de Martín Torrijos. Hay documentos oficiales que muestran que Romero y Hughes han almorzado juntos para hablar de Panamá.
Precisamente por eso, lo más interesante de Hughes es que ella es una ex zonian con una impresión muy extraña de Panamá. Su padre, Harold Parfitt, ingeniero militar, fue el último gobernador de la Zona del Canal, entre 1975 y 1979. Anteriormente, entre 1965 y 1968, cuando Hughes era niña, Parfitt fue sub-gobernador.
En sus memorias, Hughes escribe de Panamá sin un ápice de comprensión por los resentimientos panameños frente al imperio. Hughes lamenta que Estados Unidos haya abandonado la Zona y el Canal, postura que no se atrevió a ventilar cuando ella visitó nuestro país el año pasado. Curiosamente, para una publirrelacionista, ella se limitó a reuniones privadas con los funcionarios panameños, sin dar la cara al público.
Otro dato revelador es que las memorias de Hughes solo mencionan una persona panameña de sus años en nuestro país –Celsa, la empleada doméstica– cosa que de por sí confirma su distanciamiento de los panameños. Ella recuerda un Panamá (en los años 1960 y 1970) cuando las mujeres comían siempre en la cocina (no en el comedor, con los hombres); donde los guardias en las garitas camino a la playa "agitaban ametralladoras mientras detenían e inspeccionaban nuestros carros, exigiendo identificación e intimidándonos"; y donde las escuelas en la Zona tenían alumnos con piel "negra, chocolate y blanca". Como escribí el año pasado (ver columna del 12 de marzo), esas memorias me parecen irreales, y ahora veo que ellas daban aviso de una mujer tan "despistada" sobre nosotros como los árabes la encontraron con referencia a ellos. Si tan poco nos conocía y comprendía después de vivir en nuestro país, ¿cómo pudo pensarse que ella podría comprender la perspectiva de países donde ni siquiera había puesto un pie?
Visto así, queda claro que en verdad, su fracaso era inevitable, no solo por las políticas indefensibles de Bush sino por la incapacidad de la persona escogida para defenderlas.
La autora es corresponsal de La Prensa
|