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Panamá, domingo 18 de noviembre de 2007
 

testimonios.dos mujeres cuentan su experiencia.

La mitad de sus vidas con las FARC

Carolina tenía 13 años cuando se enroló, y durante otros 13 se dedicó a sanar a los guerrilleros.

Marina afirma que vio a Ingrid Betancourt cuando llevaba tres días retenida por las FARC.

ESPECIAL PARA LA PRENSA/Amalia Morales
miedo. No se atreven a dar la cara, porque salirse de la guerrilla es lo mismo que firmar una pena de muerte, comenta ex guerrillera.942723
AMALIA MORALES
ESPECIAL PARA LA PRENSA

Carolina pasó la mitad de su vida en la guerrilla. Desde los 13 hasta los 26 años esta mujer delgada, de ojos claros y cejas pintadas, no hizo otra cosa que obedecer órdenes, curar enfermos y andar como nómada con un fusil al hombro mientras transitaba de un campamento improvisado a otro en la cordillera oriental del Meta, histórico fortín de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

A los 13 años, Carolina dejó Boyacá, donde vivía con sus padres y 11 hermanos, y se fue al Guaviare. Se marchó tras una promesa de lograr un trabajo mejor. "Me fui a raspar", dice esta mujer que se dedicó a cortar hoja de coca, base de la cocaína.

En Guaviare era normal encontrarse a armados de la guerrilla, y con el tiempo trabó amistad con ellos. De ahí a unirse a las filas guerrilleras fue un paso. Carolina, que no había ido a la escuela y que apenas podía escribir su nombre, no lo pensó dos veces y se fue detrás de los uniformados, montaña adentro.

Oficialmente, Carolina fue soldado raso del Frente 27 Isaías Pardo de las FARC, que opera en el sector de los llanos orientales y Vista Hermosa. Por esas latitudes transitó durante 13 años. En ese tiempo, luego de hacer el curso básico de la guerrilla, en el cual aprendió a manipular todo tipo de armamento, pero también aprendió primeros auxilios y se convirtió en enfermera.

"Al principio se extraña mucho a la familia, pero después uno se acostumbra", comenta con unos ojos que brillan porque hace tres meses se desmovilizó y esta semana saldrá del albergue de desmovilizados de la insurgencia.

En algunos de los campamentos se encontró a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, en poder de las FARC desde hace casi seis años. "La señora Ingrid llegó como a los tres días de haber sido detenida, al campamento donde yo estaba. Me pareció bien decente", dice Carolina.

Diputados del Valle

"Yo vi a los diputados del Valle, hace un año", dice otra ex guerrillera de las FARC, Marina, de 19 años. Hace siete se enroló en las filas del grupo insurgente más antiguo de América Latina.

Era el año 2000, y el gobierno negociaba la paz con la guerrilla. Se veían uniformados con fusiles al hombro por todos los rincones de San Vicente del Caguán.

A Marina la impresionaron los milicianos, la actitud y las demostraciones que hacían con las armas. Ella le comentó a uno que quería entrar a la insurgencia, el conocido le dijo que no, pero insistió tanto que al final se la llevaron.

La mayor parte del tiempo de su trayectoria guerrillera la pasó entre Nariño, frontera con Ecuador y el Putumayo, por eso fue que se topó alguna vez con el campamento donde tenían a los diputados del Valle, que fueron masacrados en junio de este año por circunstancias aún no esclarecidas.

"A (Manuel) Marulanda lo vi también, es un señor todo noble, un guerrillero de verdad", dice del legendario líder guerrillero que en los próximos días podría reunirse con el mandatario venezolano, Hugo Chávez, en alguna parte del país.

Marina estuvo a cargo de los radiotransmisores que hacen parte de la red de emisoras de La voz de la resistencia, la cadena radial de la insurgencia, a través de la que se transmiten corridos "farianos", noticias y un programa especial que insta a los soldados y policías a desmovilizarse y unirse a las FARC.

A Ecuador fue a parar la vez que le estalló una granada en la cabeza. "Tengo platino aquí", dice señalándose la frente en la que apenas se nota una cicatriz minúscula entre las cejas.

Allí conoció el amor y juntos abandonaron la guerrilla. Todavía teme por su vida, porque "salirse es como firmar una pena de muerte". Estas dos mujeres han dado el paso de contar sus experiencias con las FARC.


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