| PROGRAMA NUCLEAR.
Teherán celebra informe del OIEA
Farshid Motahari
Irán celebró el extenso informe emitido por el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) como una "victoria política" y exige ahora que su programa nuclear se trate con normalidad y sin consideraciones políticas. Esta posibilidad, sin embargo, parece poco menos que lejana para muchos analistas: la controversia nuclear iraní, dicen, tiene un fondo más político que técnico.
"El informe prueba una vez más que Irán dijo la verdad constantemente sobre la naturaleza pacífica de sus programas nucleares", proclamó victorioso el presidente Mahmud Ahmadineyad.
"Todas las acusaciones de Occidente quedaron neutralizadas (por el reporte de OIEA) y, en lo que concierne a nosotros, el asunto (del programa nuclear iraní) debe cerrarse", agregó el mandatario, que aprovechó la oportunidad para advertir que Irán seguirá desarrollando sus actividades nucleares, enriquecimiento de uranio incluido.
Los inspectores de Naciones Unidas aprobaron el jueves un veredicto mixto sobre la cuestión, donde se asegura que, en general, Irán dice la verdad, pero que sigue faltando transparencia total y que Teherán se muestra más reacio que predispuesto a cooperar.
Como ocurrió con otros informes previos del OEIA, los funcionarios iraníes se concentraron en los factores positivos e ignoraron los negativos.
"Esta fue una victoria política para Irán, un gran logro diplomático y el resultado de la razón, la paciencia y la resistencia (contra la presión occidental)", valoró el ayatolá Ahmad Jatami frente a sus fieles durante la oración de los viernes en Teherán.
"El informe del OIEA fue una confesión ‘de facto’ de que los reclamos de Irán durante todos estos años eran absolutamente correctos", dijo el ayatolá.
Aun cuando el documento del OIEA pueda ralentizar la marcha de las potencias occidentales hacia una tercera resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas contra Irán y hacia el endurecimiento de las sanciones financieras, los analistas políticos en Teherán descartan que Occidente revise su exigencia de que el país suspenda sus programas de enriquecimiento de uranio.
Y esa hipótesis parece quedar corroborada por la primera reacción de la Casa Blanca, que en palabras de su portavoz, Dana Perino, sostuvo la noche del jueves que "la cooperación selectiva no es suficientemente buena", por lo que "Estados Unidos continuará trabajando con sus socios en el Consejo de Seguridad de la ONU (...) en una tercera serie de sanciones".
El negociador jefe nuclear iraní, Saeid Jalili, no ve ni justificación ni base legal para esa tercera resolución de la ONU: "Un órgano internacional encargado directamente de cuestiones nucleares dijo que quedó demostrado que todo lo que dijmos sobre nuestros proyectos nucleares era correcto (...) por lo tanto, todo esfuerzo por politizar la cuestión debe distenderse, y la cuestión debe tratarse a partir de ahora con el OIEA como un caso normal de otro país miembro", sostuvo el negociador.
Los observadores, sin embargo, entienden que el núcleo de la disputa nuclear iraní nunca ha sido de carácter técnico, sino más bien político. Occidente ve el país como una amenaza militar para el Golfo Pérsico y para Cercano Oriente, en particular para Israel.
Esta visión, además, se vio dramáticamente reafirmada en 2005, después de que Ahmadineyad manifestara su esperanza de que grupos armados palestinos borraran Israel del mapa de Cercano Oriente. El presidente cuestionó después el Holocausto y organizó una conferencia sobre el tema en Teherán, en la que participaron varios conocidos neonazis.
"Ya hay una bomba islámica en la región (Pakistán); la más mínima perspectiva de una segunda agitaría todas las consideraciones estratégicas y por eso sería inaceptable", explica un diplomático en Teherán.
Jalili insiste en que Irán no busca tensión alguna con la comunidad internacional y asegura que la política exterior del país islámico está inspirada en la paz "y la espiritualidad" para todo el mundo.
Pero la disputa no quedará zanjada, auguran los analistas, mientras Irán no modifique de cuajo sus políticas, en particular el antagonismo que profesa contra Israel.
"Si Irán reconociera Israel como un Estado soberano, toda la disputa se daría por terminada y nadie, ni siquiera Estados Unidos, seguiría preguntando cuántas centrifugadoras tiene Irán ni si operan para enriquecer uranio o no", sostiene un observador.
DPA
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